Conflicto armado y abandono financiero: la doble lucha que enfrentan miles de mujeres sobrevivientes del conflicto armado y la migración forzada

En un contexto de tensión creciente para la acción humanitaria en Colombia, marcado por la disminución progresiva de los recursos internacionales y una respuesta institucional limitada frente a la magnitud de las necesidades, el proyecto Tejiendo Caminos logró abrir caminos donde otros han debido retirarse.

Durante dos años de operación ininterrumpida, la iniciativa brindó atención integral, segura y transformadora a 17.764 personas, priorizando a mujeres y niñas, personas en situación de movilidad humana, personas con discapacidad y sobrevivientes del conflicto armado, en algunos de los territorios con mayores brechas humanitarias del país: Norte de Santander, Cauca, Nariño y La Guajira.

Implementado por CARE Colombia y Humanity & Inclusion América Latina y El Caribe, con el apoyo de la Dirección General de Protección Civil y Operaciones de Ayuda Humanitaria de la Unión Europea, el proyecto se consolidó como una intervención integral, culturalmente pertinente y centrada en las personas, llegando incluso a zonas rurales y comunidades apartadas.

Tejiendo Caminos nos demostró que sí es posible construir respuestas humanitarias integrales, centradas en las personas, con dignidad, pertinencia cultural y sostenibilidad,” afirmó Catalina Vargas, Directora País de CARE Colombia. “Esta intervención no solo permitió atender necesidades urgentes, sino también fortalecer capacidades locales en contextos históricamente olvidados, llegando a comunidades y territorios donde muchas veces nadie más llega”.

En cifras: un salvavidas en medio del colapso humanitario

Durante su última fase, el proyecto entregó más de 31.000 servicios esenciales, enfocados principalmente en la atención de la violencia contra las mujeres y las niñas, salud mental, rehabilitación funcional y salud sexual y reproductiva. Del total de servicios prestados, el 62% fueron dirigidos a mujeres y niñas.

  • 5.534 personas fueron sensibilizadas sobre la prevención de la violencia contra las mujeres y las niñas y sobre sus derechos sexuales y reproductivos.
  • 4.296 servicios de salud mental fueron prestados a personas afectadas por violencia, desplazamiento o trauma.
  • 4.343 atenciones en rehabilitación física y funcional fueron dirigidas a personas con discapacidad.
  • 1.884 gestiones de casos de violencia contra mujeres y niñas, con acompañamiento integral.
  • 1.437 kits de dignidad y kits para mujeres gestantes fueron entregados a mujeres en extrema situación de vulnerabilidad.
  • 5.395 personas alcanzadas con campañas de protección e inclusión.

Este proyecto puso en el centro a quienes históricamente han quedado al margen: mujeres migrantes, indígenas, afrocolombianas, personas con discapacidad y adolescentes sobrevivientes de violencia”, destacó Hernando Enríquez   Director país de Humanity & Inclusion. “Nuestra prioridad fue siempre que ellas fueran las protagonistas de sus propios procesos”.

Testimonios desde el territorio: dignidad en medio del caos

Llegué al proyecto buscando formación en temas de violencia contra las mujeres y las niñas. Hoy, gracias a lo aprendido, acompañamos a otras mujeres —sin importar si son migrantes, colombianas retornadas o sobrevivientes del conflicto armado y de violencia—. Ahora son las lideresas en los territorios quienes están creando y fortaleciendo grupos de apoyo, mejorando las rutas de atención y promoviendo redes de cuidado comunitario”: mujer sobreviviente de desplazamiento forzado en Nariño.

El proyecto no solo prestó atención directa, también transformó vidas al brindar herramientas de empoderamiento a quienes habían sido silenciadas por el conflicto y la desigualdad que enfrentan las mujeres y las niñas.

La realidad de fondo: violencia, exclusión y desigualdad persistente

Durante la implementación, se identificó que el 81% de los casos de violencia atendidos eran de alto o medio riesgo, principalmente caracterizados por dependencia económica. Las violencias incluyeron agresiones psicológicas, físicas, sexuales, económicas y patrimoniales, ejercidas por parejas, exparejas, familiares y actores armados.

En regiones como El Catatumbo, se atendieron 61 mujeres gestantes, de las cuales solo 17 recibieron previamente controles prenatales, dado el contexto de desplazamiento masivo, desprotección institucional y acceso limitado a servicios de salud. En esta zona, la ausencia de infraestructura accesible impide el tránsito seguro de personas con movilidad reducida y limita la atención en albergues o espacios de refugio.

Coordinación, incidencia y sostenibilidad: un modelo replicable

Tejiendo Caminos fortaleció las rutas de atención, capacitó personal sanitario y acompañó procesos comunitarios de apoyo psicosocial, todo con un enfoque sensible a las vidas de mujeres y niñas. Trabajó con redes comunitarias, líderes locales, y mecanismos de remisión internos para asegurar una atención segura, coordinada y sin revictimización.

  • 93.9% de las personas atendidas manifestaron que sus necesidades urgentes fueron cubiertas.
  • 94% consideraron que la atención fue segura, accesible y participativa.
  • 90% de las personas con discapacidad y problemas de salud mental dijeron haber recibido una atención adecuada.

Dos años de impacto: un cierre que exige continuidad

Aunque Tejiendo Caminos finaliza su fase operativa, deja capacidades instaladas en los territorios, redes comunitarias fortalecidas y procesos que seguirán avanzando por cuenta propia. Su legado está en la acción colectiva, la protección con dignidad y la creación de espacios seguros para quienes más lo necesitan.

Proteger la vida y los derechos de las personas más vulnerables no es un acto asistencial, es una responsabilidad ética, urgente y colectiva.

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