La oportunidad surgió cuando el ecosistema financiero colombiano entendió que crecer de forma aislada ya no era viable. Bancos, fintechs y comercios necesitaban hablar el mismo idioma para acelerar el movimiento del dinero.
El obstáculo fue la fragmentación. Sistemas cerrados, estándares distintos y experiencias inconsistentes para el usuario final limitaban la adopción masiva y frenaban la innovación.
La decisión llegó con BRE-B, un esquema que conectó actores bajo un estándar común. Al permitir transacciones acreditadas en segundos, sin importar la entidad, se eliminó una de las fricciones históricas del sistema financiero.
El resultado fue un mercado más dinámico. La movilidad del dinero aumentó, la confianza del usuario se fortaleció y Colombia se posicionó como uno de los ecosistemas con mayor avance en pagos inmediatos en la región. La interoperabilidad dejó de ser un concepto técnico y se convirtió en ventaja competitiva.





