Urbania Café nació en Medellín hace una década, pero su ambición siempre fue nacional. La oportunidad apareció cuando el café dejó de ser solo un ritual ocasional y se convirtió en un hábito transversal en ciudades como Bogotá.
El reto fue trasladar una identidad construida en un mercado local a una capital con dinámicas distintas, mayores costos y una competencia feroz por ubicación, talento y atención del consumidor.
La decisión estratégica fue no diluir la propuesta. Ricardo Mesa mantuvo el foco en café de alta calidad, trazable y con impacto social, incluso cuando eso implicaba crecer a un ritmo más controlado.
Ese enfoque se tradujo en una red de más de 300 caficultores aliados, una planta de producción propia y un modelo de ventas que combina retail, B2B y exportaciones.
En números, la compañía cerró el 2025 con 14 puntos de venta activos y una operación que ya genera ingresos externos equivalentes al 10% del total anual.
El plan para este año contempla seis aperturas adicionales, cuatro en Bogotá y dos en Medellín, alcanzando 20 locales y consolidando una presencia relevante en el mercado urbano.
El crecimiento proyectado del 30% para este año no se apoya en supuestos optimistas, sino en resultados recientes y en una estructura que ya demostró ser rentable.
Para Mesa, la clave está en convertir el café de especialidad en un producto cotidiano, sin perder su valor ni su historia de origen.





