Las causas por las que Colombia está ad-portas de un apagón energético: las advertencias que no se atendieron

La posibilidad de que Colombia enfrente un escenario de racionamiento o apagón energético dejó de ser una hipótesis lejana. Hoy, múltiples alertas técnicas, climáticas, regulatorias y financieras, incluyendo la reciente circular interna del Ministerio de Energía admitiendo por primera vez el “riesgo inminente para la prestación continua del servicio de energía eléctrica”[1], muestran que el país llega debilitado a un posible nuevo fenómeno de El Niño, justo cuando el sistema eléctrico enfrenta mayores presiones y menos capacidad de respuesta.

Expertos y gremios del sector energético ya habían advertido desde 2023 que el periodo más crítico para el abastecimiento de energía sería entre 2026 y 2027. En un foro realizado por ANIF y Fedesarrollo, representantes de diferentes sectores de la industria señalaron que, si el país no tomaba medidas urgentes para fortalecer su capacidad energética, el sistema podría enfrentar déficits de energía firme y mayores probabilidades de racionamiento.

Hoy, tres años después, gran parte de esas advertencias siguen vigentes.

Pero, ¿cuáles son los factores que nos llevan hoy a estar ante una inminente amenaza de apagón?

El déficit energético ya empieza a crecer

Uno de los principales factores de preocupación es la creciente brecha entre la energía que el país necesita y la capacidad real de generación disponible.

De acuerdo con los datos técnicos conocidos recientemente, el faltante de energía pasaría de 1,97 TWh entre 2025 y 2026 a cerca de 3,9 TWh entre 2026 y 2027. Esto equivale aproximadamente a un déficit de 450 megavatios constantes, capacidad suficiente para abastecer cerca de dos millones de usuarios, esto es una demanda comparable con ciudades como Medellín o Cali o Barranquilla y Cartagena en conjunto.

El problema no es únicamente la cifra. Lo más grave es que el sistema eléctrico colombiano no está incorporando nueva generación firme al ritmo que crece la demanda nacional. Mientras el consumo aumenta por crecimiento poblacional, industria, comercio y electrificación, la expansión del sistema se ha frenado por retrasos regulatorios, incertidumbre jurídica y problemas de licenciamiento.

Dependencia del agua

Colombia depende en cerca de un 58% de generación hidráulica. Esto significa que más de la mitad de la energía del país depende directamente de las lluvias y de los niveles de los embalses.

Sin embargo, el sistema tiene una vulnerabilidad estructural: solo un embalse cuenta con capacidad de regulación superior a un año; la mayoría apenas puede sostener el suministro por unos pocos meses en condiciones críticas.

El riesgo se agrava porque el IDEAM ya alertó sobre una probabilidad cercana al 95% de que el fenómeno de El Niño comience desde junio y pueda extenderse hasta 2027, con características fuertes o muy fuertes.

En términos prácticos, esto significa menos lluvias, menor recuperación de embalses y una presión creciente sobre las plantas térmicas (carbón y gas), justo cuando el país tampoco ha fortalecido suficientemente esa capacidad de respaldo, mientras el actual gobierno tomó medidas para frenar la producción de carbón y gas (exploración), vitales en medio de esta coyuntura.

El país dejó de construir respaldo energético

Gran parte del problema actual responde a decisiones —o falta de decisiones— tomadas durante los últimos años.

Desde 2023, los gremios venían alertando que el país debía empezar inmediatamente la construcción de nueva capacidad firme si quería llegar preparado a 2027. Alexandra Hernández, presidenta de SER Colombia, advirtió entonces que “lo que inicie hoy (en materia de proyectos) en 2027, ya es tarde”.

Sin embargo, hoy Colombia enfrenta varios frentes críticos simultáneamente:

Ø  No se construyeron nuevas plantas térmicas

Las plantas térmicas son el principal respaldo cuando cae la generación hidráulica durante fenómenos de sequía. Pero el país no avanzó suficientemente en nueva capacidad térmica de gran escala.

La incertidumbre regulatoria, los cambios permanentes en las reglas del mercado y la falta de señales claras para inversionistas frenaron nuevos proyectos. Alejandro Castañeda, presidente de ANDEG, advirtió desde 2023 que, si no se generaba confianza para invertir en el sector, “nos vamos a apagar en el 27”.

Ø  No se construyeron nuevos grandes embalses o hidroeléctricas

Durante décadas, Colombia fortaleció su seguridad energética mediante grandes proyectos hidroeléctricos y sistemas de almacenamiento de agua. Hoy prácticamente no existen nuevos embalses de gran regulación en construcción.

Esto deja al sistema con menor capacidad de enfrentar sequías prolongadas y menos margen de maniobra frente a fenómenos climáticos extremos.

Ø  La línea Colectora sigue sin resolver completamente los retrasos

Muchos de los proyectos eólicos y solares dependen de nuevas líneas de transmisión para poder entregar energía al sistema nacional (SIN).

La línea Colectora, fundamental para conectar la generación renovable de La Guajira con el resto del país, ha sufrido retrasos por conflictos sociales, consultas previas y dificultades prediales. Sin infraestructura de transmisión, incluso proyectos ya construidos pueden quedar sin posibilidad de entrar en operación.

Ø  Las energías renovables no avanzaron al ritmo esperado

Aunque el gobierno actual había anunciado una acelerada transición energética, lo cierto es que frenó los combustibles tradicionales que sirven de respaldo al sistema, mientras gran parte de los proyectos renovables -que incluso venían proyectados del anterior gobierno- no ha logrado entrar en operación en los tiempos previstos. Durante este cuatrienio sólo se adjudicaron 4.441 MW solares, que deberían entrar en operación, pero sólo hasta diciembre de 2027.

Varios proyectos eólicos en La Guajira fueron suspendidos, aplazados o incluso devueltos debido a dificultades ambientales, sociales y de licenciamiento (consultas previas). Al mismo tiempo, aunque la energía solar ha crecido, todavía no alcanza una escala suficiente para reemplazar generación firme de respaldo. Y aún sí fuera importante la capacidad existente, el sistema necesita complementariedad para sostenerse (Recordar el apagón de España hace un año).

Natalia Gutiérrez, presidenta de Acolgen, ya advertía desde 2023 que depender exclusivamente del crecimiento solar podía generar problemas de confiabilidad, especialmente en horas nocturnas.

La preocupación de los expertos es que el país intentó acelerar una transición energética sin haber consolidado primero la infraestructura de respaldo necesaria para garantizar estabilidad del sistema.

Crisis financiera en el sector eléctrico

A la presión técnica y climática se suma una compleja situación financiera.

Actualmente existe una deuda acumulada cercana a los 6,9 billones de pesos con distribuidoras y comercializadoras de energía, situación que limita la capacidad de operación e inversión de las empresas del sector.

Este escenario reduce la capacidad del sistema para responder rápidamente ante contingencias, realizar inversiones urgentes o fortalecer redes e infraestructura.

Menor exploración de gas y debilitamiento del carbón

Otro factor clave es la pérdida gradual de autosuficiencia energética. Colombia redujo el impulso a la exploración de gas natural, justo cuando el gas sigue siendo fundamental para alimentar plantas térmicas y garantizar respaldo en momentos críticos. Esto aumenta la dependencia futura de importaciones, con mayores costos y riesgos para el abastecimiento.

Al mismo tiempo, el carbón —que históricamente ha servido como soporte de generación térmica en épocas de sequía— también se ha debilitado por menor inversión, incertidumbre regulatoria y presión sobre la actividad minera.

Paradójicamente, mientras países desarrollados han reforzado temporalmente fuentes térmicas para proteger su seguridad energética, Colombia ha reducido capacidad de respaldo sin tener todavía reemplazos suficientes plenamente operativos.

Una advertencia que el país ya había escuchado

Durante el foro de 2023, Natalia Gutiérrez, de Acolgen, resumió el riesgo de manera contundente: “no es que se nos vaya la luz, es que se para Colombia”.

La combinación de déficit energético creciente, retrasos en infraestructura, falta de nuevas plantas firmes, vulnerabilidad climática, crisis financiera y dificultades para desarrollar proyectos renovables está llevando al país a un escenario de alta fragilidad energética. Esto afecta el consumo de los hogares y las industrias y la cotidianidad del consumo tal y como la conocemos hoy. 

Y aunque aún existen oportunidades para tomar medidas correctivas, el margen de reacción es cada vez menor, contar con plantas nuevas de generación, u otras nuevas fuentes de energía no convencional para soportar la demanda es prácticamente imposible en tan corto tiempo.

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