Tras el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el suroccidente de Colombia el pasado 10 de agosto, mientras las imágenes de viviendas afectadas, vías interrumpidas y comunidades atemorizadas recorrieron el país, comenzó otra carrera contra el tiempo, menos visible pero indispensable: recuperar los servicios públicos. En Chocó, Valle del Cauca, Risaralda, Quindío y Caldas, cientos de trabajadores de empresas de acueducto, energía, gas, aseo y telecomunicaciones salieron a las calles con una misión concreta: devolverle a la gente el agua, la electricidad, las comunicaciones y las condiciones mínimas para empezar a reconstruir la normalidad. El balance consolidado por Andesco, con corte al 12 de agosto, muestra una recuperación progresiva y el despliegue de cuadrillas técnicas que han trabajado de manera articulada con autoridades locales y organismos de socorro. En el sistema eléctrico, XM reportó que ya se había recuperado el 93 % de la demanda afectada. Valle del Cauca pasó de registrar una afectación del 70 % a solo el 9 %, mientras que el bloque conformado por Caldas, Quindío y Risaralda redujo la afectación del 82 % al 11,6 %. En Cauca y Nariño la recuperación fue prácticamente total y en Chocó se logró restablecer la demanda afectada.
En el servicio de agua potable la recuperación también ha sido progresiva, aunque con diferencias entre municipios. En Cali, EMCALI mantiene sus plantas de tratamiento funcionando y atiende daños puntuales en 13 sectores de sus redes de acueducto. Palmira y Tuluá no reportaron afectaciones significativas en sus sistemas, mientras Buga logró restablecer el servicio durante la noche del 11 de agosto. En el norte del Valle, Acuavalle continúa reparando daños que afectaron a varios municipios. Caldas presenta un panorama mayoritariamente estable: Manizales cuenta con servicio en toda la ciudad, aunque persisten reparaciones puntuales, mientras EMPOCALDAS trabaja en diferentes municipios para garantizar el suministro. Pereira y Dosquebradas avanzan en la inspección y reparación de sus redes, y en el Quindío Armenia mantiene la continuidad del servicio, mientras algunos municipios han requerido carrotanques para atender a los usuarios afectados. En medio de esta recuperación apareció otro problema: la desinformación. Andesco pidió a los ciudadanos no creer en cadenas que anuncian cortes masivos e inminentes de agua, porque el almacenamiento innecesario puede provocar una sobredemanda y terminar dificultando el funcionamiento de los sistemas precisamente cuando más se necesita racionalidad.
La electricidad ha sido otro de los grandes desafíos. EMCALI informó la normalización de prácticamente todos sus usuarios en Cali; CHEC redujo considerablemente la afectación en Caldas y Risaralda y mantiene trabajos en sectores de Dosquebradas, Chinchiná, Santa Rosa de Cabal y Manizales. Celsia logró energizar el 100 % de los cascos urbanos de los municipios afectados en el Valle del Cauca, incluida la cabecera de San José del Palmar, epicentro del terremoto. Sin embargo, la recuperación rural requiere más tiempo. La empresa reportó que todavía permanecían afectados más de 51.000 clientes, principalmente en zonas rurales dispersas, donde postes caídos, transformadores averiados, árboles sobre las redes y líneas dañadas hacen que cada reparación implique mayores dificultades logísticas. Riofrío, Bolívar, Buenaventura, Sevilla y Zarzal concentraban buena parte de los usuarios pendientes. Energía de Pereira, por su parte, informó que cerca del 90 % de la ciudad ya contaba nuevamente con electricidad gracias al trabajo de más de 30 cuadrillas, mientras EDEQ avanzaba en la recuperación del servicio en el Quindío y DISPAC mantenía equipos desplegados en municipios del Chocó donde era necesario trasladar nuevos postes y reconstruir infraestructura.
El gas natural tampoco escapó a los efectos del movimiento telúrico. Aunque los principales sistemas de producción y transporte del país se mantienen estables, Gases de Occidente y Efigas continúan trabajando en Pereira, Dosquebradas, Cali y sectores de Manizales, donde se han realizado suspensiones preventivas para verificar instalaciones, controlar posibles fugas y garantizar la seguridad de los usuarios. Cerca de 11.000 usuarios permanecían con el servicio suspendido, incluidos hogares, establecimientos comerciales y algunas estaciones de gas natural vehicular. La situación en Buenaventura y Borrero también requiere especial vigilancia debido a los daños y deslizamientos registrados en la vía Loboguerrero-Buga, una infraestructura estratégica para el abastecimiento de la región. Mientras tanto, las empresas productoras, transportadoras y distribuidoras mantienen monitoreado el Sistema Nacional de Transporte para anticiparse a cualquier eventualidad y evitar que una emergencia localizada pueda convertirse en un problema mayor de abastecimiento.
Y en una emergencia moderna, comunicarse también es una necesidad básica. Las redes de telecomunicaciones han soportado un aumento considerable del tráfico debido al volumen de llamadas, mensajes, fotografías, videos y publicaciones que genera una tragedia de estas dimensiones. Los operadores han tenido que enfrentar simultáneamente daños en infraestructura y cortes de energía, por lo que han reforzado sus sistemas de respaldo. Claro informó que cerca del 80 % de sus estaciones base y aproximadamente el 100 % de sus nodos de fibra en Chocó, Caldas, Quindío, Risaralda y Valle del Cauca ya operaban con normalidad. La compañía también dispuso 26 plantas de energía para reforzar la operación en Quibdó, Pereira y Cali y entregó beneficios temporales a cerca de dos millones de clientes prepago de las zonas afectadas. El resto de operadores también mantiene acciones para estabilizar sus redes y facilitar las comunicaciones de las comunidades.
Detrás de cada porcentaje existe una historia humana. Está el técnico que trabaja durante horas para levantar nuevamente un poste, el operario que inspecciona una tubería antes de devolver el agua a una familia, la cuadrilla que atraviesa una carretera afectada para reparar una red y el trabajador que permanece pendiente de una antena para que alguien pueda llamar a sus seres queridos. Son labores que pocas veces aparecen en las fotografías de una emergencia, pero que resultan esenciales para que una comunidad pueda levantarse. “Nuestras empresas afiliadas no han parado de trabajar desde el primer minuto”, afirmó Camilo Sánchez Ortega, presidente de Andesco, al destacar la capacidad técnica y humana desplegada en el suroccidente colombiano. La recuperación todavía no termina y algunas zonas rurales podrían necesitar varios días o incluso semanas para alcanzar la normalidad completa. Por eso, el llamado del sector es sencillo pero fundamental: usar racionalmente el agua, la energía, el gas y las telecomunicaciones, evitar el acaparamiento y, sobre todo, no compartir información sin verificar. Después de un terremoto, reconstruir una comunidad comienza también por recuperar aquello que permite que la vida cotidiana vuelva a funcionar.



