Cuando la ciencia llega donde antes parecía imposible

De las señales que pueden alertar sobre una leucemia al acceso a terapias como CAR-T y los anticuerpos biespecíficos, la hematología colombiana vive una transformación que busca convertir los avances científicos en oportunidades reales para los pacientes, incluso lejos de las grandes capitales.

Hay enfermedades que avanzan en silencio y otras que prácticamente no dan tiempo para reaccionar. En hematología, esa diferencia puede ser decisiva.

Una fiebre persistente, un cansancio sin explicación, moretones que aparecen espontáneamente, pequeños puntos rojos en la piel, sangrados, pérdida inexplicable de peso o ganglios aumentados de tamaño pueden parecer síntomas aislados. Sin embargo, algunas de estas señales pueden estar relacionadas con enfermedades de la sangre que requieren valoración médica.

En las leucemias agudas, el tiempo adquiere una dimensión todavía más crítica.

“Nos tardamos hasta cuatro semanas para diagnosticar una leucemia aguda en ciudades principales del país”, advierte Juan Alejandro Ospina, médico hematólogo, coordinador de Hematología y Trasplante de Precursores Hematopoyéticos del Instituto Nacional de Cancerología.

La afirmación pone sobre la mesa uno de los grandes desafíos de la hematología en Colombia: conseguir que el diagnóstico llegue oportunamente frente a enfermedades que pueden evolucionar rápidamente.

La leucemia es un cáncer de la sangre que se origina en la médula ósea, donde se producen los glóbulos rojos, los glóbulos blancos y las plaquetas. Cuando una célula progenitora adquiere alteraciones que dan origen a la enfermedad, las células anormales pueden multiplicarse y desplazar a las células normales. De allí pueden aparecer anemia, alteraciones en los glóbulos blancos, disminución de las plaquetas, infecciones, fiebre, sangrados o dolor óseo.

Las leucemias pueden ser agudas o crónicas. Entre las primeras están las leucemias mieloides agudas y las leucemias linfoblásticas agudas; entre las crónicas se encuentran, entre otras, la leucemia mieloide crónica y la leucemia linfocítica crónica. Son enfermedades diferentes, con comportamientos y tratamientos distintos.

En las formas agudas, la rapidez de la atención puede ser determinante.

El tiempo también es una herramienta terapéutica

La hematología estudia y trata las enfermedades de la sangre, tanto benignas como malignas. Su labor comprende el diagnóstico, la valoración del pronóstico y la definición del tratamiento.

Para Carmen Rosales Oliveros, internista hematóloga de la Sociedad de Hematología y Oncología del Cesar (SOHEC), el interés por esta especialidad comenzó durante su formación en medicina interna, cuando tuvo contacto con la hematología y, particularmente, con la morfología de las células sanguíneas.

Esa mirada microscópica termina convirtiéndose en una herramienta para comprender lo que sucede dentro del organismo y orientar decisiones que pueden cambiar la vida de un paciente.

Pero el desafío comienza incluso antes del diagnóstico. Las leucemias no tienen una causa única. Son enfermedades multifactoriales en las que pueden intervenir predisposición genética, exposiciones y procesos biológicos que no siempre pueden anticiparse.

Por eso, no existe una conducta individual que garantice que una persona no desarrollará una leucemia. Sin embargo, reconocer las señales de alarma y consultar oportunamente sí puede contribuir a que una enfermedad sea identificada antes.

Fiebre persistente, pérdida de peso sin explicación, sangrados, aparición espontánea de moretones o petequias, ganglios aumentados de tamaño y otros cambios inexplicables requieren valoración médica.

Para quienes ya tienen un diagnóstico y reciben tratamiento, las recomendaciones también son parte de la terapia: prevenir infecciones, evitar contacto con personas enfermas, seguir las indicaciones sobre alimentación y extremar las precauciones frente a actividades que puedan provocar golpes o sangrados cuando las plaquetas están disminuidas.

La medicina, en estos casos, no termina en la prescripción de un medicamento. Continúa en cada decisión cotidiana del paciente.

Del trasplante a la inmunoterapia

Uno de los avances que ha transformado el tratamiento de algunas enfermedades hematológicas es el trasplante de células madre hematopoyéticas.

De manera simplificada, después de un tratamiento destinado a controlar o eliminar las células enfermas, se recupera la producción de sangre mediante células madre del propio paciente, en un trasplante autólogo, o de un donante, en un trasplante alogénico.

El donante puede ser familiar o no familiar. Sin embargo, esta alternativa también implica riesgos. Uno de ellos es la enfermedad injerto contra huésped, una complicación en la que las células inmunitarias del donante pueden reconocer como extraños algunos tejidos del receptor y atacarlos.

La hematología moderna ha ampliado ese escenario con nuevas estrategias.

La llegada de la tecnología CAR-T a Colombia representa uno de esos avances. En términos generales, esta terapia utiliza células T del propio paciente, que son modificadas en laboratorio para reconocer determinadas estructuras presentes en las células malignas.

No todos los pacientes ni todas las leucemias son candidatos a CAR-T. Su utilización depende del diagnóstico, las características de la enfermedad, los tratamientos recibidos y los criterios clínicos establecidos.

Pero su llegada representa una nueva herramienta frente a enfermedades hematológicas complejas.

Una terapia de alta complejidad llega al Cesar

La innovación también comienza a cambiar el mapa de la atención especializada.

En Valledupar, la Sociedad de Oncología y Hematología del Cesar (SOHEC) tiene actualmente en tratamiento a una paciente de 60 años con mieloma múltiple que recibe elranatamab, un anticuerpo biespecífico dirigido contra BCMA y CD3.

Su mecanismo busca acercar los linfocitos T del sistema inmunitario a las células del mieloma que expresan BCMA, favoreciendo una respuesta dirigida contra las células malignas.

Este tipo de terapia puede ser utilizado en determinados pacientes con enfermedad refractaria o que han recibido múltiples líneas de tratamiento, de acuerdo con criterios médicos.

La noticia tiene una dimensión que va más allá de la molécula.

Durante años, acceder a tratamientos de alta complejidad ha significado para muchos pacientes de las regiones desplazarse a otras ciudades, asumir costos adicionales y alejarse de sus familias.

Que una institución del Cesar pueda incorporar terapias avanzadas representa un fortalecimiento de la capacidad regional y acerca servicios especializados a los pacientes.

Pero para que la innovación llegue realmente al enfermo se necesita mucho más que tecnología.

La innovación necesita equipos

Una terapia de alta complejidad requiere profesionales preparados, protocolos, vigilancia clínica, infraestructura y capacidad para responder oportunamente ante posibles complicaciones.

En SOHEC participan hematólogos como Carmen Rosales, Germán Morón, Gloria Vargas, Hugo Molina, Jakelin Domínguez y María Berdugo, además del equipo de enfermería oncológica, auxiliares y profesionales vinculados a investigación.

Entre ellos está Johana Pallares Muegues, médica epidemióloga del departamento de investigación, cuyo trabajo forma parte de una estructura que muestra otra dimensión de la hematología contemporánea: la innovación clínica necesita investigación.

Los nuevos tratamientos que hoy llegan a los pacientes son el resultado de años de investigación básica, ensayos clínicos y desarrollo tecnológico. Por eso, fortalecer la investigación en Colombia también significa ampliar las posibilidades futuras de quienes enfrentan una enfermedad hematológica.

Cinco especialistas para entender la leucemia

Pero, ¿qué significa todo esto para una persona que recibe un diagnóstico?

Para responder esa pregunta, este reportaje también se convirtió en una investigación audiovisual. Cinco especialistas fueron consultados para explicar qué son las leucemias, cuáles son sus principales señales de alerta, por qué el diagnóstico oportuno continúa siendo un desafío y cómo han cambiado las posibilidades de tratamiento.

“Ver trabajo audiovisual en este link.”

En el video participan Claudia Lucía Sosa Melo, presidenta de la Asociación Colombiana de Hematología y Oncología; Andrés Borda, hematólogo trasplantólogo de la Fundación CardioInfantil; Guillermo Enrique Quintero Vega, médico internista hematólogo y coordinador del Grupo de Hematología y Trasplante de la Fundación Santa Fe de Bogotá; Juan Alejandro Ospina, médico hematólogo y coordinador de Hematología y Trasplante de Precursores Hematopoyéticos del Instituto Nacional de Cancerología; y Carmen Rosales Oliveros, internista hematóloga de la Sociedad de Hematología y Oncología del Cesar.

Sus testimonios permiten llevar la discusión científica más allá de los términos médicos y acercarla a pacientes y familias. En sus voces aparecen el diagnóstico temprano, el trasplante, las nuevas tecnologías y una preocupación común: que los avances de la medicina puedan traducirse en oportunidades concretas para los pacientes.

Cuando cáncer no significa una única historia

Hay un momento particularmente difícil en el camino de un paciente: escuchar por primera vez la palabra cáncer.

“Hay dos palabras que a mí me gustaría erradicar de nuestro léxico y del diccionario, que son cáncer y quimioterapia”, señala Juan Alejandro Ospina, médico hematólogo, coordinador de Hematología y Trasplante de Precursores Hematopoyéticos del Instituto Nacional de Cancerología, al referirse al peso que estas palabras todavía tienen en el imaginario colectivo.

La realidad médica es más compleja. El cáncer no es una sola enfermedad y la quimioterapia tampoco constituye el único recurso terapéutico. Dependiendo del diagnóstico existen medicamentos dirigidos, inmunoterapias, terapias celulares, trasplantes y otras estrategias.

Eso no significa desconocer la gravedad de determinadas enfermedades.

Las leucemias agudas continúan siendo un desafío especialmente importante en adultos y personas mayores. Son enfermedades que pueden ser agresivas y requerir tratamiento inmediato. En contraste, algunas leucemias crónicas han experimentado importantes avances terapéuticos que han permitido prolongar considerablemente la supervivencia de muchos pacientes.

Por eso, cada diagnóstico tiene su propia historia.

La medicina contemporánea no puede ofrecer certezas absolutas, pero sí puede ofrecer conocimiento, alternativas y acompañamiento.

La ciencia también tiene rostro humano

Para Carmen Rosales Oliveros, la satisfacción de ejercer la hematología está estrechamente ligada a sus pacientes.

“Me hace feliz que los pacientes se recuperen, me hace feliz el poder ayudarlos a lograr su atención, aunque el pronóstico no sea tan bueno, pero que uno sirva para el paciente”, expresa la internista hematóloga de SOHEC.

En esa frase aparece una dimensión que puede perderse cuando la conversación se concentra únicamente en moléculas, biomarcadores, protocolos o nuevas tecnologías.

La hematología tiene rostro humano.

Está en el paciente que espera un resultado, en la familia que acompaña una hospitalización, en el donante que entrega sus células, en el enfermero que permanece atento a una complicación y en el investigador que busca una nueva alternativa.

También está en los jóvenes profesionales que encuentran en esta especialidad una forma de ejercer la medicina desde el conocimiento y el servicio.

Porque mientras la ciencia aprende a modificar células, activar el sistema inmunitario e identificar blancos moleculares, permanece una pregunta esencial:

¿Para quién se hace todo esto?

Para el paciente.

De la innovación al acceso

El reto de la hematología colombiana no consiste solamente en incorporar nuevas tecnologías. El desafío está en lograr que los avances científicos se traduzcan en diagnóstico oportuno, atención segura, investigación y acceso especializado.

Eso implica fortalecer las capacidades de las regiones, formar talento humano, impulsar la investigación clínica y contar con equipos preparados para administrar terapias cada vez más complejas.

La historia que comienza con una paciente con mieloma múltiple en el Cesar y se conecta con las nuevas alternativas para las leucemias cuenta, en realidad, una historia mucho más grande: la de una medicina que está cambiando.

Una medicina que utiliza el propio sistema inmunitario como parte de la estrategia terapéutica.

Una medicina que busca que la distancia geográfica no sea una barrera para acceder a tratamientos especializados.

Y una medicina que entiende que detrás de cada avance hay una persona esperando una oportunidad.

Quizás ahí esté el verdadero significado del avance hematológico: que la ciencia deje de ser una promesa distante y consiga llegar hasta donde está el paciente.

Porque cuando la innovación llega a una región, no solamente llega una nueva terapia.

Llega una posibilidad.

Por: Carlos Amaya

Imágenes : Pixabay

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