Calor, agua y energía: el riesgo tecnológico que El Niño lleva a las empresas colombianas

Por Diego Ossa, CEO de Stefanini Group para la región Sur de Latinoamérica.

El Niño ya no es una posibilidad futura para Colombia. El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (IDEAM) confirmó en septiembre que las condiciones asociadas al fenómeno están presentes y continúan fortaleciéndose. Su actualización del 10 de septiembre señala una probabilidad superior al 90% de alcanzar una intensidad muy fuerte durante el último trimestre de 2026.

Sus efectos tampoco se reducen a “que deje de llover”. El propio IDEAM advierte que el comportamiento varía según la región y que El Niño puede reducir niveles y caudales en distintas cuencas, aumentando la presión sobre el abastecimiento de agua y la generación de energía. Entre los riesgos identificados anteriormente por las autoridades están también las olas de calor, el estrés hídrico y los incendios forestales.

Para las empresas, esta realidad introduce otra dimensión del riesgo: qué ocurre con el negocio cuando las condiciones externas comienzan a ejercer presión sobre la infraestructura que sostiene su operación.

Electricidad y conectividad son apenas una parte de esa ecuación. Aplicaciones, datos, centros de datos, instalaciones físicas, proveedores y canales digitales forman hoy un ecosistema de dependencias que debe permanecer disponible para que una organización pueda funcionar.

Por eso, desde Stefanini Group entendemos que un fenómeno como El Niño debe incorporarse a la conversación sobre continuidad del negocio, y no abordarse únicamente como una contingencia climática, física o tecnológica.

Cuando una interrupción tecnológica se convierte en un riesgo de negocio

El impacto de una falla no puede medirse de la misma manera para todas las organizaciones. En banca puede significar transacciones que no se procesan; en retail, ventas que no ocurren; en manufactura, una línea de producción detenida; y en logística, mercancías que no pueden ser despachadas o rastreadas.

Incluso dentro de una misma empresa, cuatro horas de indisponibilidad pueden tener consecuencias muy diferentes dependiendo del proceso afectado. Ese es el punto en el que la conversación sobre infraestructura deja de ser exclusivamente técnica.

Antes de preguntarnos cuánto cuesta construir una operación más resiliente, conviene preguntarnos cuánto tiempo puede permitirse el negocio estar detenido y qué impacto tendría esa interrupción.

Desde la perspectiva de un directorio, probablemente importe menos conocer cuántos servidores adicionales requiere la organización que comprender qué ingresos podrían quedar expuestos, cuántos clientes podrían verse afectados, qué obligaciones podrían incumplirse o cuánto tiempo necesitaría la empresa para recuperar su operación.

En Stefanini Group creemos que ese cambio de perspectiva es fundamental: infraestructura y operaciones puede dejar de ser vista únicamente como un centro de costos cuando su contribución se expresa en términos de continuidad, eficiencia, riesgo y resultados de negocio.

No todas las cargas necesitan la misma respuesta

Traducir resiliencia a impacto de negocio también permite evitar otro error: diseñar la misma solución para toda la infraestructura. No todos los procesos tienen la misma criticidad, ni necesitan idénticos niveles de disponibilidad o recuperación.

El primer paso es identificar cuáles no pueden detenerse, cuánto tiempo pueden permanecer interrumpidos y de qué sistemas, datos, personas, proveedores e infraestructura dependen.

Ese mapa permite descubrir puntos únicos de falla y determinar dónde se necesita redundancia, qué información requiere mecanismos adicionales de respaldo y qué capacidades deben poder recuperarse primero. La infraestructura híbrida cobra valor precisamente en este escenario.

En Stefanini Group la entendemos como una arquitectura capaz de integrar entornos on-premise, cloud y edge de acuerdo con las necesidades de cada operación. La nube puede contribuir a distribuir aplicaciones y cargas; los respaldos permiten recuperar información; la redundancia disminuye la dependencia de un único componente; y las conexiones alternativas ofrecen otras vías cuando la principal deja de estar disponible.

Pero ninguna de estas capacidades garantiza resiliencia por sí sola. El valor está en orquestarlas como parte de una misma arquitectura, con niveles de disponibilidad, recuperación y gobernanza definidos según la criticidad del negocio. Esta concepción coincide con la propia oferta de Hybrid Infrastructure de Stefanini Group, que integra ambientes locales, privados y públicos y contempla continuidad, monitoreo y automatización.

Inteligencia artificial para ganar tiempo antes de una interrupción

Existe además otra transformación relevante: la posibilidad de pasar de una gestión predominantemente reactiva a una operación capaz de reconocer señales antes de que un incidente alcance un proceso crítico.

Tradicionalmente, la secuencia comenzaba cuando algo fallaba: se generaba una alerta y un equipo debía investigar qué había ocurrido. Hoy, los datos, la automatización y la inteligencia artificial permiten construir una visión diferente.

A través de AIOps, por ejemplo, es posible correlacionar información procedente de registros, métricas y eventos; identificar patrones o comportamientos anómalos; ayudar a determinar posibles causas y automatizar determinadas acciones de respuesta.

La inteligencia artificial no puede garantizar que una infraestructura nunca falle. Su aporte está en proporcionar mayor visibilidad para detectar señales tempranas, reducir tiempos de respuesta y ayudar a evitar que determinados incidentes escalen hasta afectar procesos críticos.

Ese principio forma parte del abordaje AI First de Stefanini Group: utilizar la inteligencia artificial como motor de inteligencia operativa y no simplemente como una tecnología añadida al final del proceso.

Resiliencia también significa decidir prioridades

En un escenario de presión sobre energía, conectividad, instalaciones o proveedores, ninguna organización debería esperar a la contingencia para decidir qué recuperar primero. Ahí entra un componente menos visible, pero igualmente importante: la gobernanza.

Desde Stefanini Group planteamos cuatro capacidades que deben trabajar de manera integrada: prevención, recuperación, automatización y gobernanza.

Prevenir implica conocer los procesos críticos y reducir vulnerabilidades.  Recuperar exige mecanismos claros para restablecer las capacidades que el negocio necesita. Automatizar puede acelerar respuestas frente a determinados eventos. Y gobernar significa haber establecido previamente responsabilidades, prioridades y protocolos.

La resiliencia, por tanto, no consiste en intentar proteger cada componente de la misma manera. Consiste en saber qué necesita el negocio, qué riesgos puede asumir y dónde una interrupción tendría consecuencias que la organización no está dispuesta a aceptar.

Ante un fenómeno como El Niño, especialmente exigente para Colombia, esa puede ser una conversación tan importante para el directorio como cualquier decisión de inversión tecnológica.

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