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Tusquets editores presenta Fervor de Tierra poesía reunida de Andrea Cote

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Una impecable colección de poemas que deslumbran y sobrecogen 

Una de las voces poéticas contemporáneas más importantes del momento 

He leído la obra reunida de Andrea Cote, escrita a lo largo de veinte años, como un solo largo poema divino: como un nocturno que, declarado por una voz herida —por una voz preñada por la muerte—, va transformándose en un nuevo e inesperado canto místico. De esa forma, alguien canta la noche oscura de su alma al tiempo que canta la noche oscura de una tierra: una tierra estremecida y ofendida, un puerto desecado y quebrado, un mundo que no supo acabarse de repente—. Pero, ¿de dónde viene esa voz? ¿Quién canta? A veces una mujer, a veces un hombre que es, sobre todo, hijo… Es la voz de alguien que está en fuga, siempre en el camino con la casa al hombro: siempre entre la ruina y más allá de la ruina. Me ha conmovido profundamente que esa voz poética, que es alta y plural y piadosa, recuerde una y otra vez que hubo un tiempo muy malo y que, sin embargo, tenga la claridad permanente de que no todo era irse. Con los escombros de su escritura nos da el regalo máximo: el de alzar algo nuevo para que un tiempo inédito se comience a vislumbrar.

Giuseppe Caputo

“Fervor de tierra, el título de la poesía reunida de Andrea Cote, contiene ya la clave de un universo poético que gira en torno a unas pocas obsesiones. Una de ellas, la tierra, en su condición amplia de materia compuesta por los otros elementos ―el agua, el aire, el fuego―, pero también en su acepción de territorio, ya sea real ―el del arraigo y el desarraigo― o figurado: “la infancia es territorio/ en que el espanto anhela/ no sé que oscuro rincón para quedarse”; y otra, la del calor del sol o del fuego, pues también eso significa, más allá de la intensidad de una pasión o un entusiasmo, el fervor o lo ferviente. 

En el origen de estos poemas, como un tatuaje o una marca de hierro sobre la piel de la memoria, está el puerto de su ciudad natal, su luz y sobre todo el bochorno de su temperatura, y el río, “quemante como sus aceras”, el cuerpo y la casa; pero también la adolescencia que trata en vano de sustraerse a la presencia autoritaria y poderosa de un Dios que es también el padre, unidos los dos en la metáfora de la piedra. Que es dureza y también silencio.»

«El mundo poético de Andrea Cote es de una consistencia arrolladora. Su voz contenida, seca, atravesada por la desolación, es original y honda y perturbadora. Uno tiene, como lector, la sensación de que nombra una época, un momento donde todo es frágil, inestable, incierto y doloroso. De que asiste a una visión profética, que aúna el hilo frágil de lo íntimo con los nudos pavorosos de una civilización que pierde su sentido.»

Tomado del prólogo de Piedad Bonnett