En una jornada marcada por la tensión diplomática y la urgencia internacional, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas celebró este 5 de enero de 2026 una sesión de emergencia en su sede de Nueva York para abordar las amenazas a la paz y la seguridad internacionales, con especial atención a la situación en Venezuela. La reunión, convocada por Somalia en su calidad de presidente del Consejo, respondió a una solicitud formal de Colombia —miembro no permanente durante el período 2026-2027— y contó con el respaldo de China y Rusia.
En ese escenario de alta sensibilidad geopolítica, Colombia asumió un papel protagónico, no desde la confrontación, sino desde la defensa firme y serena de los principios que sustentan el orden internacional. El país reiteró su compromiso histórico con la paz, el respeto al Derecho Internacional, la soberanía de los Estados y la protección de la vida y los derechos humanos como pilares irrenunciables de la convivencia entre las naciones.
Durante su intervención, la delegación colombiana condenó de manera categórica los hechos ocurridos el pasado 3 de enero en territorio venezolano, señalándolos como graves violaciones a la soberanía, la independencia política y la integridad territorial de Venezuela, así como una transgresión directa a la Carta de las Naciones Unidas. El mensaje fue claro y sin ambigüedades: no existe justificación alguna para el uso unilateral de la fuerza ni para actos de agresión, vengan de donde vengan.
Más allá de la denuncia, Colombia optó por un tono constructivo y profundamente humano. Reconoció que las crisis no se resuelven con más violencia ni con discursos incendiarios, sino con voluntad política, diplomacia activa y diálogo sincero. En ese sentido, expresó su disposición a contribuir de manera decidida a la construcción de una salida pacífica y negociada, insistiendo en que la defensa del multilateralismo y del orden internacional basado en normas no es una alternativa opcional, sino una responsabilidad colectiva frente al mundo.
El país también manifestó su respaldo a los esfuerzos del secretario general de la ONU, António Guterres, orientados a activar mecanismos de mediación, facilitar el acercamiento entre las partes y promover soluciones políticas lideradas por los propios venezolanos, con el acompañamiento de las Naciones Unidas y de las organizaciones regionales. Un respaldo que no es solo institucional, sino ético, en favor de una región que clama por estabilidad y esperanza.
Al cierre de su intervención, Colombia hizo un llamado urgente a la contención, a la desescalada de las tensiones y a la primacía del diálogo sobre cualquier forma de imposición. Reafirmó, con convicción, su compromiso indeclinable con la paz, la democracia y el respeto al Derecho Internacional, recordando que, en tiempos de incertidumbre global, la palabra y la diplomacia siguen siendo las herramientas más poderosas para evitar que el conflicto le gane terreno a la humanidad.




