Colombia enfrenta una amenaza sofisticada y en aceleración. La respuesta ya no está en más capas de seguridad, sino en sistemas capaces de leer el contexto en tiempo real
. En el primer semestre de 2025, el sistema financiero colombiano registró más de 218.000 reclamaciones por fraude en canales digitales, según Asobancaria. Al mismo tiempo, los ciberataques contra establecimientos bancarios crecieron un 69% en los primeros siete meses del año en comparación con el mismo periodo de 2024, con un ritmo de 94 intentos por segundo, de acuerdo con cifras de la Superintendencia Financiera de Colombia.
Las cifras hablan de una amenaza que ya no es periférica. El fraude financiero digital se ha convertido en un riesgo estructural del ecosistema financiero colombiano.
Frente a este panorama, Stefanini Group, consultora global de tecnología con enfoque centrado en la IA, identifica un cambio de paradigma en la manera en que las instituciones financieras deben abordar la seguridad: el verdadero diferenciador ya no es cuántas capas de protección tiene un sistema, sino qué tan bien ese sistema entiende el contexto de cada transacción. Con una perspectiva estratégica orientada al sector financiero y a las instituciones financieras, la consultora establece que la resiliencia no depende de la acumulación pasiva de datos, sino de la velocidad para interpretarlos.
Sin embargo, interpretar datos en tiempo real requiere algo más que capacidad tecnológica. Exige modelos sólidos de gobernanza, calidad e integración de información. Cuando los datos permanecen aislados entre áreas de fraude, riesgo, operaciones y experiencia del cliente, las organizaciones pierden visibilidad y capacidad de reacción. La verdadera inteligencia contextual surge cuando toda la organización trabaja sobre una misma versión de la realidad.
Un ecosistema financiero bajo presión creciente
Colombia vive una paradoja digital: mientras su ecosistema financiero se expande, la superficie de ataque crece al mismo ritmo. Según Colombia Fintech, el país alberga más de 560 empresas fintech y se posiciona entre los ecosistemas más desarrollados de América Latina. Este crecimiento, acompañado por una acelerada digitalización de los servicios financieros, ha incrementado la necesidad de fortalecer los mecanismos de ciberseguridad y gestión de riesgos para proteger a usuarios y organizaciones.
Pero ese dinamismo viene acompañado de riesgos crecientes. El sector financiero sigue siendo el blanco más frecuente de los ciberataques en el país, y los intentos de fraude digital no cesan de escalar en sofisticación y volumen.
Más allá de las cifras, el impacto se siente en la confianza. El estudio Fraude en Colombia 2025 de DataCrédito Experian revela que el 97,7% de los colombianos percibe el fraude como un problema frecuente, mientras que el 36,6% afirma haber sido víctima directa en los últimos doce meses. El fraude dejó de ser un evento aislado para convertirse en una experiencia compartida.
El problema de los sistemas que no leen el contexto
Durante años, la industria financiera respondió al fraude con capas adicionales de seguridad: autenticación en dos pasos, validaciones de identidad, listas negras de patrones conocidos. Estas medidas fueron necesarias. Pero hoy ya no son suficientes.
El problema de fondo es estructural: la mayoría de los sistemas antifraude tradicionales analizan transacciones de manera aislada. Evalúan si un monto es inusual, si una ubicación es nueva o si el horario es atípico. Pero no integran el contexto completo del comportamiento del usuario.
Un mismo retiro de dos millones de pesos puede ser completamente normal para un cliente que lo hace cada viernes, o una señal de alarma crítica si ese mismo cliente jamás ha realizado transacciones en efectivo. La diferencia no está en la transacción: está en el contexto.
“La conversación ya no debe centrarse únicamente en cómo detectar fraudes, sino en cómo construir organizaciones capaces de interpretar el contexto completo de cada interacción”, explica Filipe Cotait, CEO de Stefanini Data & Analytics. “Los datos aislados generan alertas; los datos integrados generan inteligencia. Cuando una entidad financiera logra conectar información transaccional, conductual y operativa en tiempo real, puede tomar decisiones más precisas, proteger mejor a sus clientes y fortalecer la confianza en cada punto de contacto”.
Los datos contextuales: el nuevo activo estratégico
La inteligencia artificial está transformando la manera en que los sistemas financieros detectan el fraude, no porque sea más rápida que los analistas humanos, sino porque puede cruzar simultáneamente cientos de variables contextuales que ningún humano podría procesar en el tiempo que tarda una transacción en ejecutarse.
Los modelos de IA avanzados no solo analizan qué ocurrió, sino el entorno completo en que ocurrió: el dispositivo desde el que se accedió, el patrón de navegación previo, la geolocalización, la velocidad de tipeo, la secuencia de acciones dentro de la plataforma, el historial de comportamiento del usuario y decenas de señales adicionales que en conjunto forman una huella digital única.
Este enfoque, conocido como analítica contextual en tiempo real, permite a las instituciones financieras diferenciar con precisión entre un usuario legítimo que opera de manera inusual y un atacante que ha obtenido credenciales válidas, pero no puede replicar el comportamiento natural del titular.
Los resultados en mercados que han adoptado este modelo son contundentes. Según datos de Sumsub, los sectores que implementaron arquitecturas de verificación continua lograron reducciones del fraude de hasta el 70% en servicios tecnológicos y del 30% en marketplaces financieros.
En Colombia, el potencial es significativo. La combinación de un sistema financiero digitalmente avanzado, un marco regulatorio en evolución y más de 560 fintechs activas crea las condiciones para una adopción acelerada de estas arquitecturas de defensa contextual.
IA y fraude: una carrera donde el contexto define al ganador
Una de las tendencias más preocupantes del panorama actual es que la inteligencia artificial no solo está siendo utilizada para defenderse del fraude, sino también para cometerlo. En 2025, los ataques en Colombia se sofisticaron mediante el uso de phishing generado por IA, clonación de plataformas legítimas y automatización masiva de campañas fraudulentas, según el análisis de incidentes documentados por firmas de ciberseguridad locales.
El Congreso colombiano respondió a esta realidad promulgando la Ley 2502 de 2025, que tipifica el uso de inteligencia artificial en la comisión de robo de identidad como un factor agravante dentro de los procesos penales. Es un primer paso regulatorio, pero la velocidad del delito digital sigue superando a la del marco legal.
En este escenario, la carrera no se gana solo con más inversión en ciberseguridad, sino con inteligencia más precisa. El sector financiero colombiano destinó $487.000 millones en el primer semestre de 2025 a gestión de información y ciberseguridad, según la Superintendencia Financiera. El reto está en garantizar que esa inversión se oriente hacia sistemas capaces de procesar contexto, no solo datos.
“La delincuencia digital ya está usando modelos generativos avanzados para vulnerar los accesos tradicionales; por ende, responder con herramientas estáticas es una batalla perdida”, enfatiza Cotait. “El valor estratégico de la IA no radica en documentar pérdidas de forma automatizada, sino en su capacidad predictiva. Al procesar los datos contextuales de manera inmediata, logramos adelantarnos al fraude en lugar de simplemente reaccionar a él, transformando la seguridad de un centro de costos a un escudo dinámico que blinda la competitividad de la banca en Colombia”.
Confianza como activo estratégico
Detrás de cada estadística de fraude hay una historia de confianza erosionada. Un usuario que fue víctima de vishing no solo pierde dinero; pierde la certeza de que su banco puede protegerlo. Y esa pérdida de confianza tiene consecuencias económicas medibles: según el IBM Cost of a Data Breach Report 2024, el costo promedio de una brecha de datos para organizaciones en América Latina supera el millón de dólares, impulsado principalmente por la interrupción operativa y la pérdida de clientes.
En este contexto, la seguridad deja de ser un costo de operación para convertirse en un generador de valor. Las instituciones que logren demostrar que pueden proteger a sus clientes con precisión, sin fricción innecesaria, construirán una ventaja competitiva difícil de replicar.
Desde la perspectiva de Stefanini Group, el camino pasa por construir arquitecturas que integren datos transaccionales, conductuales y contextuales en una sola visión del cliente, eliminando los silos que hoy impiden que los equipos de fraude, riesgo y experiencia del usuario trabajen sobre la misma información.
La confianza digital no depende únicamente de bloquear ataques. Depende de la capacidad de las organizaciones para demostrar que utilizan los datos de manera consistente, transparente y responsable. En este escenario, la gobernanza de datos deja de ser una función técnica para convertirse en un habilitador estratégico del negocio.
Colombia ya cuenta con una infraestructura financiera digital madura y con volúmenes de información sin precedentes. El desafío ahora no es recopilar más datos, sino conectarlos, gobernarlos y convertirlos en decisiones que generen valor.
En un entorno donde las amenazas evolucionan constantemente y la confianza se ha convertido en uno de los activos más valiosos del sistema financiero, las organizaciones que logren transformar datos contextuales en inteligencia accionable serán las que lideren la próxima etapa de competitividad. Porque la nueva línea de defensa no se construye únicamente con más tecnología. Se construye con mejores decisiones basadas en datos confiables, integrados y contextualizados.




