Hay lugares donde el agua no solo corre: también recuerda. En Honda, el río Magdalena no es un paisaje que acompaña la vida cotidiana; es una presencia que respira entre las calles empedradas, se refleja en los balcones coloniales y marca el ritmo de una ciudad que aprendió a crecer escuchando el murmullo de sus corrientes. Cuando el sol comienza a caer sobre el antiguo puerto fluvial y una brisa tibia acaricia el Malecón Turístico, el río parece volver a contar las historias de navegantes, pescadores, comerciantes y viajeros que durante siglos hicieron de este lugar uno de los grandes corazones comerciales de Colombia.
Ese relato colectivo volverá a cobrar vida el próximo 15 y 16 de agosto, cuando Honda, en el norte del Tolima, celebre la octava edición de La Magdalena Fest, un encuentro que ha logrado algo poco común: transformar un festival cultural en una experiencia de viaje donde la música, la gastronomía, el arte, el patrimonio y la naturaleza dialogan con la historia del río más importante del país.
Después de un año de silencio, el festival regresa con una programación que supera las 40 actividades gratuitas, abiertas tanto para los habitantes de la región como para los viajeros que buscan descubrir una Colombia auténtica, aquella que todavía conserva la capacidad de emocionar desde sus raíces.
No es casual que el corazón del festival vuelva al Malecón Turístico de Honda. Allí, donde el Magdalena parece ensancharse para abrazar la ciudad, regresan los tradicionales Cantos del Río, el escenario que dio origen a uno de los momentos más emblemáticos del evento. Será allí donde la música vuelva a encontrarse con el agua y donde generaciones enteras compartirán una misma banda sonora.

La celebración tendrá un invitado que representa buena parte de la historia musical del país. Fruko y sus Tesos, que este año conmemoran seis décadas de trayectoria, encabezarán una programación que también reunirá el inconfundible sabor tropical de Los Cumbia Stars, la fuerza ancestral de Enkelé con sus bailes cantados, las sonoridades afrourbanas de Afro Fresh, la voz ribereña de Kiara de la Ossa y la energía del Pacífico colombiano con De Mar y Río, entre otros artistas que harán del río el escenario más grande del festival.
Sin embargo, La Magdalena Fest trasciende el formato de un concierto al aire libre. Durante dos días, Honda completa la experiencia invitando al visitante a caminar despacio, a detenerse en cada esquina y dejar que la ciudad revele su patrimonio. La antigua Tipografía Tolima abrirá sus puertas para convertirse en un laboratorio creativo donde el arte dialoga con la memoria impresa de la región. En la histórica Plaza de Mercado, las cocinas tradicionales recuperarán recetas que han sobrevivido gracias a generaciones de cocineras que entienden que la gastronomía también es una forma de conservar la identidad.
Mientras tanto, la Trilladora Gualí recibirá la exposición Arrastre, del artista bumangués Sebastián Gómez Vargas, una propuesta que explora la relación entre el territorio y el río desde el lenguaje contemporáneo. Muy cerca, la Casa de los Virreyes albergará el Mercado El Salto, una vitrina para emprendimientos creativos y sostenibles que encuentran en el diseño, la artesanía y la innovación nuevas formas de interpretar la riqueza cultural del Magdalena.
Quien visite el festival descubrirá que cada escenario parece dialogar con la historia de Honda. Fundada en el siglo XVI y reconocida durante siglos como el principal puerto fluvial del interior colombiano, la ciudad conserva uno de los centros históricos mejor preservados del país. Sus calles de piedra, sus iglesias centenarias y el emblemático Puente Navarro narran una época en la que el río era la gran autopista nacional, conectando regiones, culturas y economías mucho antes de la llegada de las carreteras modernas.
Hoy esa herencia se convierte en una poderosa herramienta para el turismo cultural. Honda, ubicada a pocas horas por carretera desde Bogotá, Medellín y otras ciudades del centro del país, continúa consolidándose como uno de los destinos patrimoniales con mayor proyección para quienes buscan experiencias auténticas que combinen historia, arquitectura, naturaleza y gastronomía.
Pero el verdadero protagonista sigue siendo el Magdalena. Más que un escenario natural, el río aparece como el hilo conductor de toda la programación. Cada actividad parece recordar que este corredor fluvial ha sido fuente de vida, inspiración y desarrollo para millones de colombianos.
Esa mirada también se refleja en el componente ambiental del festival. En esta edición, CoCrea se suma con el encuentro «Ciudadanos del Río: comunidades creadoras», un espacio donde artistas, investigadores, gestores culturales y comunidades dialogarán sobre los saberes ancestrales, la protección de los ecosistemas acuáticos y el papel que la cultura desempeña en la conservación del patrimonio natural colombiano.
En tiempos donde muchos destinos buscan diferenciarse a través de grandes infraestructuras o espectáculos masivos, La Magdalena Fest apuesta por una idea mucho más poderosa: hacer que las personas vuelvan a mirar el río, comprendan su historia y reconozcan que protegerlo también significa preservar una parte esencial de la identidad nacional.
Ese espíritu explica por qué el festival continúa creciendo como una de las plataformas culturales más relevantes del país. Organizado por DC3 Cultura, en alianza con la Alcaldía de Honda, la Gobernación del Tolima, CoCrea, la Fundación MUV, Cormagdalena y Celsia, el evento demuestra cómo la articulación entre instituciones públicas, sector privado y comunidades puede convertir la cultura en un motor de desarrollo turístico y económico para toda una región.
Quienes lleguen durante esos dos días encontrarán mucho más que una agenda de conciertos. Descubrirán una ciudad que se abre para compartir sus sabores, sus sonidos, sus historias y sus paisajes. Caminarán por calles donde cada balcón parece guardar una anécdota; probarán recetas que llevan generaciones cocinándose frente al río; escucharán ritmos que nacieron al compás de las embarcaciones y entenderán que el Magdalena sigue siendo una inmensa corriente de memoria que conecta buena parte de la historia colombiana.
Cuando las últimas notas musicales se mezclen nuevamente con el sonido del agua y la noche caiga sobre el Malecón de Honda, el viajero comprenderá que La Magdalena Fest no termina cuando se apagan los escenarios. Continúa en el recuerdo de quienes descubren que algunos destinos no se visitan únicamente para conocerlos, sino para dejar que transformen la manera de entender un país. Porque hay ríos que transportan embarcaciones, y hay otros, como el Magdalena, capaces de transportar emociones, identidad y el deseo irrefrenable de regresar.
Por: Carlos Amaya – Periodista de Viajes




