El sector de servicios públicos y TIC dejó de ser una actividad que simplemente acompaña el crecimiento del país. Las cifras presentadas por Andesco muestran una industria con $257,5 billones en ingresos, cerca de 700.000 empleos y una creciente responsabilidad frente a la inversión, la infraestructura y la competitividad de Colombia.
Hay cifras que sirven para dimensionar un negocio y otras que permiten entender el tamaño de una economía. Las presentadas por Camilo Sánchez, presidente ejecutivo de Andesco, durante la instalación del 28° Congreso del gremio, pertenecen a esta segunda categoría.
El sector de servicios públicos y tecnologías de la información y las comunicaciones cerró 2025 con $257,5 billones en ingresos operacionales, una cifra que representa el 7,2 % de la actividad productiva nacional, calculada sobre los $3.578 billones registrados por el conjunto de la economía.
Detrás de ese número hay mucho más que facturación. Hay infraestructura, empresas, trabajadores, inversión, impuestos y, sobre todo, millones de colombianos que dependen diariamente de que funcionen la energía, el gas, el agua, el saneamiento y las telecomunicaciones.
El balance presentado por Andesco muestra además que durante 2025 el sector aportó $8,3 billones entre impuesto de renta e IVA y generó alrededor de 700.000 empleos. De ellos, unos 530.000 fueron formales, lo que llevó la tasa de formalidad sectorial al 76 %, muy por encima del promedio nacional reportado en el documento, de 44 %.
Es una fotografía que ayuda a entender por qué la discusión sobre servicios públicos no puede reducirse únicamente al valor que aparece cada mes en una factura.
Treinta y cinco años de transformación
Una de las historias más significativas aparece al mirar el sector en perspectiva.
En 1990, Colombia tenía una cobertura de energía eléctrica del 70,9 %. Para 2025 llegó al 98,9 %. El salto significa que millones de personas que hace 35 años no tenían acceso hoy forman parte de la población conectada.
El número de hogares usuarios pasó de aproximadamente 24 millones de personas atendidas a 52,7 millones en ese período.
Pero el cambio no ocurrió solamente en cobertura. También se multiplicó la capacidad de generación. Colombia pasó de contar con 8.395 megavatios instalados en 1991 a 21.041 MW en 2025.
La hidráulica continúa teniendo un peso central en la matriz, aunque el mapa energético es hoy más diverso. A las fuentes tradicionales se sumaron proyectos solares y eólicos que llevaron las fuentes renovables no convencionales a más de 2.000 MW de capacidad en 2025, cuando prácticamente no tenían presencia tres décadas atrás.
El dato revela una transformación silenciosa: mientras Colombia amplió el acceso a la electricidad, también tuvo que aumentar y diversificar la infraestructura necesaria para atender una demanda cada vez mayor.
El gas plantea una paradoja
El caso del gas natural presenta una de las mayores contradicciones del balance.
Por un lado, Colombia multiplicó el acceso al servicio. La cobertura pasó de apenas 3,05 % en 1990 a 71,02 % en 2025, mientras el número de personas con acceso llegó a 37,4 millones.
Pero, al mismo tiempo, las reservas probadas se redujeron.
El documento presentado en el Congreso señala que Colombia pasó de contar en 1990 con reservas equivalentes a unos 20 años de consumo a 5,9 años en 2025.
La discusión adquiere todavía mayor importancia porque el gas puede aportar hasta el 30 % de la generación eléctrica en períodos de baja hidrología. Es decir, no se trata únicamente de un combustible utilizado en los hogares o en la industria: también puede convertirse en una pieza relevante para mantener funcionando el sistema eléctrico cuando las condiciones hídricas no acompañan.
Ahí aparece uno de los grandes desafíos que tendrá que resolver Colombia: cómo sostener la expansión de la demanda y garantizar la confiabilidad del sistema mientras se transforma la matriz energética.
Agua y saneamiento: la infraestructura que no siempre se ve
En los servicios de acueducto y alcantarillado, la transformación también ha sido considerable.
El número de personas atendidas por acueducto pasó de aproximadamente 22,7 millones en 1990 a 47,7 millones en 2025. La cobertura llegó al 89,7 %, frente al 68,3 % de hace 35 años.
En alcantarillado, la población atendida superó los 42 millones de personas, frente a unos 20,3 millones en 1990.
Son avances que suelen pasar inadvertidos porque forman parte de la infraestructura cotidiana de las ciudades. Sin embargo, detrás de cada conexión hay redes, plantas, inversiones, operación y mantenimiento.
Lo mismo ocurre con el servicio de aseo. En 2025 alcanzó más de 15,9 millones de usuarios, mientras la disposición adecuada de residuos superó el 90 % y pasó de 8,9 millones de toneladas en 2010 a más de 12 millones en 2025.
El reto, en este caso, ya no es solamente recoger los residuos, sino avanzar hacia modelos de gestión que permitan aprovecharlos mejor y reducir su impacto ambiental.
Una industria que también genera empleo formal
Otro de los elementos que sobresale en el balance es el mercado laboral.
Los servicios públicos y las TIC reúnen cerca de 700.000 puestos de trabajo, con una particularidad: el nivel de formalidad está por encima del promedio nacional señalado por Andesco.
El sector registra alrededor de 530.000 empleos formales, para una tasa de formalidad del 76 %.
La composición también muestra la transformación tecnológica de la economía. Las TIC concentran el 59 % del empleo sectorial, mientras acueducto, alcantarillado y aseo representan el 28 %, y energía y gas el 13 %.
En energía y gas, la formalidad llega al 99 %, de acuerdo con las cifras presentadas.
Esto convierte al sector en un actor relevante no solamente por los servicios que presta, sino también por su capacidad de generar empleo con condiciones formales.
El Estado también recibe una parte de esta actividad
Los servicios públicos y las TIC tienen además un peso importante en las cuentas fiscales.
En 2025, las empresas del sector aportaron $2,2 billones en impuesto de renta, equivalentes al 8,01 % del recaudo nacional por este concepto, y $6,1 billones en IVA.
En conjunto, los dos impuestos representaron los $8,3 billones destacados por Andesco.
Energía y gas aportaron la mayor proporción del impuesto de renta sectorial, seguidos por TIC y las actividades de acueducto, alcantarillado y aseo.
La dimensión tributaria añade otro elemento a la discusión: las decisiones que afectan la operación y la inversión del sector también tienen efectos sobre el recaudo y sobre la capacidad de financiar otras necesidades públicas.
La inversión muestra otra señal
Hay otro dato que merece atención. Durante 2025, la inversión en el sector creció 24 %, incluso mientras otras actividades económicas registraban contracciones.
Además, durante las últimas tres décadas, los servicios públicos y las TIC han representado en promedio el 15 % de la inversión extranjera directa.
Ese flujo de capital ha sido determinante para ampliar redes, incorporar tecnología y aumentar la capacidad instalada.
Sin embargo, el tamaño alcanzado también eleva las exigencias. Una infraestructura que atiende a decenas de millones de personas requiere inversiones permanentes y reglas que permitan mantener, modernizar y ampliar las redes.
El bolsillo sigue siendo el punto de encuentro
Las cifras económicas no pueden desligarse de una pregunta que afecta directamente a los hogares: cuánto cuesta recibir estos servicios.
El balance muestra que la variación de precios de la categoría de servicios públicos y TIC fue de 5,20 % en 2025, por debajo del 5,42 % de 2024 y del 9,13 % de 2023.
Pero el comportamiento fue diferente entre servicios.
Mientras la energía eléctrica registró una variación de -2,54 %, el gas domiciliario aumentó 8,60 %, el acueducto 6,95 %, el alcantarillado 6,81 % y la recolección de basuras 12,40 %.
Las cifras muestran así un escenario heterogéneo: no existe un único comportamiento tarifario para todo el sector.
Y esa diferencia será clave en las discusiones que vienen, especialmente en un momento en que Colombia necesita garantizar inversiones, ampliar infraestructura y, simultáneamente, mantener servicios accesibles para los hogares y competitivos para las empresas.
Un sector grande, pero con desafíos enormes
El tejido empresarial también cuenta una historia particular. El 77 % de las empresas del sector son microempresas, mientras las pequeñas representan 12 %, las medianas 9 % y las grandes cerca del 2 %.
Sin embargo, el tamaño empresarial no necesariamente coincide con el número de usuarios atendidos: el documento señala que una proporción importante de la prestación está concentrada en compañías medianas y grandes.
La radiografía que Andesco lleva a su 28° Congreso deja entonces una conclusión económica clara: los servicios públicos y las TIC son hoy una pieza estructural de Colombia.
Son $257,5 billones de ingresos, $8,3 billones en impuestos, cerca de 700.000 empleos y décadas de expansión de cobertura.
Pero también son un sector que enfrenta preguntas difíciles: cómo garantizar nuevas inversiones, cómo responder al crecimiento de la demanda energética, cómo asegurar la disponibilidad de gas, cómo avanzar en formalización, cómo gestionar los residuos y cómo mantener tarifas que puedan ser asumidas por los hogares sin poner en riesgo la sostenibilidad financiera de las empresas.
El verdadero desafío está precisamente ahí. Colombia no solo necesita que los servicios públicos lleguen a más personas; necesita que las redes que los hacen posibles tengan la capacidad de sostener el país que viene.
Por: Carlos Amaya




