Cartagena será el escenario de una discusión estratégica para el país: cómo transformar el potencial de sus recursos de hidrocarburos en reservas comprobadas, fortalecer la autosuficiencia energética y generar oportunidades para la ingeniería, el empleo y la industria nacional.
Colombia tiene bajo su subsuelo un potencial de hidrocarburos que podría cambiar las perspectivas de abastecimiento de gas natural y petróleo en las próximas décadas. Sin embargo, entre los recursos estimados y las reservas que pueden aprovecharse comercialmente existe una brecha que requiere investigación, conocimiento geológico, inversión y decisiones técnicas. Ese será uno de los grandes temas de la IX Cumbre del Petróleo, Gas y Energía, que se realizará en Cartagena de Indias del 4 al 6 de noviembre de 2026.
En la antesala del encuentro, la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) presentó los Ciclos Regionales de Conocimiento del Subsuelo, una iniciativa que busca actualizar la información geológica y geofísica de las cuencas sedimentarias colombianas e identificar nuevas oportunidades de exploración, tanto en yacimientos convencionales como no convencionales.
La iniciativa fue recibida favorablemente por los gremios organizadores de la Cumbre: la Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos de la Energía (ACGGP), la Asociación Colombiana de Ingenieros (ACIEM), la Asociación Colombiana del Petróleo y Gas (ACP) y la Cámara Colombiana de Bienes y Servicios de Petróleo, Gas y Energía (CAMPETROL). Para estas organizaciones, avanzar en el conocimiento del subsuelo constituye un paso necesario para evaluar el potencial energético nacional con información técnica y establecer qué recursos podrían convertirse en reservas aprovechables.
Un potencial que reabre la discusión sobre la seguridad energética
Las cifras incluidas en los estudios de la ANH dimensionan el alcance de la discusión. Según las estimaciones citadas por los gremios, Colombia podría contar con recursos prospectivos recuperables de yacimientos no convencionales de hasta 1.111 terapies cúbicos (Tpc) de gas y 117.623 millones de barriles de hidrocarburos, distribuidos en al menos cinco cuencas del país.
En el caso específico de los recursos asociados a rocas generadoras, el estudio estima cerca de 167 Tpc de gas recuperable y 8.234 millones de barriles de petróleo recuperable. Estas cantidades corresponden a estimaciones prospectivas y no deben confundirse con reservas probadas ni con volúmenes cuya producción comercial esté garantizada.
La diferencia es determinante para el futuro energético colombiano. De acuerdo con las cifras divulgadas en el comunicado gremial, el país cuenta con reservas probadas de petróleo para aproximadamente 7,4 años y de gas natural para 5,9 años. En este último caso, la reducción reportada fue del 16,8 % durante el último año.
Ante este panorama, el conocimiento de las cuencas y la evaluación de nuevas posibilidades de producción cobran relevancia en la discusión sobre el abastecimiento interno, la dependencia de las importaciones y la capacidad de Colombia para responder a sus necesidades energéticas.
Frank Pearl, presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo y Gas (ACP), destacó la importancia de abordar el potencial de los yacimientos no convencionales con criterios técnicos y transparencia.
“Colombia tiene un potencial en YNC que puede ampliar de manera significativa su horizonte de autosuficiencia tanto en gas como en petróleo, y lo responsable es habilitar su desarrollo, con rigor técnico, transparencia y en diálogo con las comunidades. Celebramos la apertura de este Ciclo de Conocimiento del Subsuelo, que permitirá tener la información clara para avanzar hacia la reactivación de la industria”, afirmó.
Cinco cuencas concentran parte de las oportunidades identificadas
El análisis del potencial de gas asociado a rocas generadoras señala a la Cordillera Oriental como la principal zona identificada, con 118 Tpc recuperables. Le siguen el Valle Medio del Magdalena, con 30 Tpc; Cesar-Ranchería, con 10 Tpc; Catatumbo, con 8 Tpc, y el Valle Superior del Magdalena, con 2 Tpc.
En petróleo, el Valle Medio del Magdalena aparece como la cuenca con mayor volumen prospectivo recuperable estimado, con 4.573 millones de barriles. Cesar-Ranchería registra una estimación de 2.450 millones; Catatumbo, 595 millones; el Valle Superior del Magdalena, 448 millones, y la Cordillera Oriental, 168 millones.
Estas cifras ofrecen una referencia para orientar futuras investigaciones y evaluaciones, pero el desafío consiste en determinar qué parte de ese potencial puede convertirse en reservas comercialmente viables. Para ello se necesitan estudios más detallados, información directa del subsuelo, perforaciones exploratorias y pruebas que permitan establecer las características y posibilidades reales de cada formación geológica.
Nelson Castañeda, presidente ejecutivo de CAMPETROL, señaló que el país dispone de capacidades que podrían contribuir a este proceso, desde la infraestructura hasta el talento especializado y la industria nacional de bienes y servicios.
“Colombia cuenta con los recursos prospectivos, infraestructura, talento especializado y una industria de bienes y servicios con capacidad técnica para evaluar estos yacimientos con los más altos estándares. Avanzar en su conocimiento y evaluación es una decisión estratégica para la seguridad energética del país: significa desarrollar nuestro potencial, fortalecer la autosuficiencia y reducir progresivamente la dependencia de las importaciones”, expresó.
Del potencial geológico a los resultados concretos
Uno de los principales retos será pasar de las estimaciones a la comprobación técnica. Los estudios prospectivos permiten identificar oportunidades, pero no sustituyen la información obtenida mediante trabajos de exploración y pruebas de producción.
Jaime Checa Jiménez, presidente de la Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos de la Energía (ACGGP), insistió en la necesidad de avanzar hacia una evaluación sustentada en datos reales.
“Colombia tiene rocas generadoras de clase mundial, pero el potencial no se confirma en los estudios, sino en el pozo. Solo con perforación, pruebas de producción y datos reales del subsuelo sabremos cuánto de ese recurso puede convertirse en reservas. Cada año sin generar esta información, es un año que nos aleja de la seguridad energética”, señaló.
Su planteamiento pone sobre la mesa una cuestión central para la industria: disponer de estimaciones de gran magnitud no garantiza, por sí solo, el abastecimiento futuro. Es necesario establecer la viabilidad técnica, económica y ambiental de los proyectos, así como las condiciones regulatorias y sociales para su eventual desarrollo.
La discusión también involucra la capacidad del país para conservar y aprovechar el conocimiento de sus profesionales, ingenieros y técnicos, y para generar proyectos que permitan aplicar esa experiencia en las regiones.
Carlos Arturo Cárdenas, presidente nacional de ACIEM, destacó la dimensión laboral e industrial que podría tener el avance de estas iniciativas.
“Cada proyecto exige perforadores, geólogos, ingenieros, técnicos y proveedores locales, y deja capacidades instaladas en las regiones. El país ya formó ese talento; lo que necesita ahora son proyectos donde pueda trabajar, para que no tenga que buscar oportunidades fuera de Colombia”, afirmó.
De esta manera, la evaluación del potencial energético también se relaciona con la generación de empleo especializado, el fortalecimiento de proveedores nacionales y el desarrollo de capacidades técnicas que puedan permanecer en el territorio.
Cartagena, punto de encuentro para definir los próximos pasos
Con este panorama, la IX Cumbre del Petróleo, Gas y Energía, que tendrá lugar en Cartagena del 4 al 6 de noviembre, se perfila como un espacio de discusión entre la industria, el Gobierno y los expertos sobre las condiciones necesarias para avanzar en el conocimiento y la evaluación de los recursos del país.
La agenda tendrá entre sus asuntos centrales la necesidad de fortalecer la información geológica disponible, impulsar la investigación aplicada, desarrollar las competencias del talento humano, incorporar innovación y nuevas tecnologías y establecer reglas que permitan evaluar la viabilidad de cada proyecto.
El desafío no se limita a determinar cuánto petróleo o gas podría existir en el subsuelo colombiano. También consiste en establecer qué recursos pueden recuperarse, bajo qué condiciones podrían desarrollarse y cómo se integraría su eventual aprovechamiento a una estrategia energética de largo plazo.
La puesta en marcha de los Ciclos Regionales de Conocimiento del Subsuelo abre una nueva etapa de evaluación técnica. La Cumbre tendrá la oportunidad de profundizar en las preguntas que siguen abiertas: cómo acelerar la generación de información confiable, cómo convertir el potencial geológico en decisiones sustentadas y qué condiciones necesita Colombia para garantizar un abastecimiento energético confiable.
En Cartagena, el debate será sobre el futuro de una industria que tiene implicaciones para la inversión, el empleo, la infraestructura y la competitividad nacional. La respuesta dependerá de la capacidad de transformar las estimaciones en conocimiento verificable y ese conocimiento en decisiones responsables para el país.




