Senda Watapuy, el abrazo de la montaña donde el sabor del Caribe se encuentra con la Sierra Nevada

En El Zaino, Magdalena, a cinco minutos de la entrada principal del Parque Nacional Natural Tayrona, este ecohotel boutique combina cabañas rodeadas de naturaleza, piscinas, hospitalidad y una cocina que reúne los sabores del Caribe colombiano con influencias mediterráneas.

Hay lugares donde el paisaje parece recibir al viajero antes que cualquier persona. En Senda Watapuy, esa bienvenida comienza con una imagen: las montañas que se enlazan frente a la entrada del hotel, formando un horizonte que invita a detenerse y contemplar. Allí, entre las faldas bajas de la Sierra Nevada de Santa Marta y la riqueza natural del Magdalena, el nombre adquiere sentido. Watapuy significa, en lengua indígena, «abrazo de la montaña», una expresión que inspira la identidad de esta propiedad de la cadena Hacienda Hoteles.

La idea, según explica Andrés Escorcia, integrante del equipo del hotel, nació de esa primera impresión que experimenta quien llega y encuentra las montañas entrecruzadas frente a sus ojos. El propietario quiso convertir esa imagen en parte de la identidad del alojamiento: un nombre que evocara el paisaje y transmitiera la sensación de estar acogido por la naturaleza.

«Cuando la persona entra, ve al frente montañas que se enlazan entre sí, lo que son las faldas bajas de la Sierra Nevada de Santa Marta. El significado de Watapuy es abrazo de la montaña», explica Escorcia.

En El Zaino, a solo cinco minutos de la entrada principal del Parque Nacional Natural Tayrona y cerca del río Piedras, el ecohotel ofrece una alternativa para quienes buscan descubrir esta región del Caribe colombiano desde un alojamiento que combina comodidad y naturaleza. Aquí, la experiencia no se limita a pasar unas noches fuera de casa: también invita a disfrutar del entorno, compartir en familia y acercarse a los sabores del Magdalena.

Cabañas privadas para disfrutar de la naturaleza

Senda Watapuy cuenta con 25 cabañas diseñadas para recibir parejas, familias y grupos. Tres son familiares; diez tienen capacidad para un máximo de tres personas, y las restantes pueden alojar hasta cinco huéspedes.

Las cabañas están equipadas con aire acondicionado, ventilador, minibar y baño privado. Cuentan con terraza, vistas al jardín y una pequeña piscina privada frente al río Piedras, un espacio pensado para disfrutar del entorno con mayor privacidad y tranquilidad.

El hotel también dispone de una piscina de uso compartido, rodeada de vegetación, donde los huéspedes pueden descansar y disfrutar de la naturaleza después de recorrer los atractivos de la región.

Cuando la ocupación es completa, el establecimiento suele recibir entre 60 y 70 personas, según explica Escorcia. Una escala que permite entender la importancia del equipo humano en la experiencia: detrás de cada estancia hay una atención que busca ir más allá de resolver las necesidades básicas del viajero.

Para el representante del hotel, uno de los mayores logros es que los visitantes se lleven recuerdos que permanezcan después del regreso. «La mejor experiencia que puedo tener es que, en muchas ocasiones, las personas terminan mostrando hacia uno y hacia todo el equipo un cariño genuino porque se han sentido bien mientras han estado aquí», señala Andrés Escorcia.

En hotelería, los detalles que permanecen en la memoria no siempre son los más ostentosos. A veces son una conversación, una recomendación o la disposición de alguien que consigue que el visitante se sienta bienvenido. En un alojamiento rodeado de naturaleza, esa cercanía humana también hace parte del paisaje.

Una cocina que cuenta historias del Caribe colombiano

La experiencia en Senda Watapuy encuentra otro de sus protagonistas en la mesa. Juan Pablo Castañeda Gantiva, chef ejecutivo de la cadena Hacienda Hoteles, explica que sus seis restaurantes tienen enfoques gastronómicos distintos, adaptados a la personalidad de cada establecimiento y a los productos de su entorno.

En Watapuy, la cocina parte de una base mediterránea, pero incorpora ingredientes y matices regionales del Magdalena y del entorno del Parque Tayrona. La intención es combinar técnicas culinarias con productos locales para ofrecer una carta que dialogue con el lugar donde se encuentra el hotel.

Uno de los platos que mejor representa esa propuesta es el Pargo Watapuy. El pescado se obtiene de proveedores de la región, incluidos los vinculados a sectores como el río Mendihuaca y Los Cocos. Después comienza una preparación que reúne sabores del mar y aromas característicos de la cocina caribeña.

El pargo se sella en sartén y se cocina con una mezcla de vegetales, ajo, cebolla, pimentones, leche de coco y un bisque elaborado a partir de las cáscaras de los mariscos. La cocción permite que los ingredientes se integren y que la salsa envuelva el pescado. Al final, se sirve en una cazuela de barro que aporta una presentación ligada a la tradición culinaria.

El resultado es un plato que combina el producto marino con la cremosidad del coco y la profundidad de una preparación hecha a partir de los propios ingredientes del mar. Más que una receta aislada, es una manera de llevar a la mesa algunos de los sabores que identifican al Caribe colombiano.

Paella, arroz negro y productos de la región

Aunque el pescado ocupa un lugar destacado, la carta de Senda Watapuy ofrece otras alternativas para quienes desean explorar la cocina del hotel.

La paella de mariscos es su plato insignia. Su preparación comienza con un fumé de pescado elaborado a partir de las cabezas, las colas y las espinas que quedan después de porcionar los ejemplares. Ese fondo aromático aporta profundidad al arroz y sirve de base para integrar los mariscos.

Otra opción es el arroz negro, preparado con tinta de calamar y acompañado de productos marinos de la zona. Son platos que parten de una tradición mediterránea, pero encuentran en los ingredientes y en el entorno del Magdalena una identidad propia.

La carta también incluye ensaladas y preparaciones que aprovechan productos cultivados en la propiedad. Entre ellas está la ensalada Senda, que incorpora aguacate de la zona. El hotel cuenta con un cultivo de este fruto que abastece a diferentes establecimientos de la cadena Hacienda Hoteles.

Para quienes buscan una alternativa diferente, el chef destaca el Selva Chef, una preparación que combina arracacha y yuca en una presentación crujiente, acompañada de un dip de ajo y una proteína a elección entre pescado, camarón o pollo.

La diversidad de la carta permite que cada comida sea una oportunidad para conocer distintas expresiones de la cocina colombiana, sin renunciar a las influencias internacionales que forman parte de la propuesta gastronómica.

El sabor del coco como identidad del Caribe

Cuando se trata de recomendar platos a quienes visitan Colombia desde otros países, Juan Pablo Castañeda vuelve a los sabores que considera más representativos del territorio.

Entre sus recomendaciones están el filete encocado, elaborado con róbalo fresco, leche de coco y bisque, y el Pargo Watapuy. También destaca la cazuela de mariscos, preparada con leche de coco y un fondo de vegetales, que reúne ingredientes como calamar, camarones, mejillones, almejas y pota.

En estas preparaciones, el coco no es simplemente un ingrediente más. Su presencia conecta las recetas con una tradición gastronómica extendida por el Caribe colombiano, donde los productos del mar y las preparaciones con leche de coco forman parte de la identidad culinaria.

La propuesta del chef busca que los visitantes extranjeros encuentren algo más que una comida agradable: una aproximación a los sabores que distinguen a Colombia. Para los viajeros nacionales, es también una invitación a reconocer la diversidad de su propia cocina y a descubrir cómo cambia de una región a otra.

Hacienda Hoteles y una experiencia que empieza con las personas

La presencia de Senda Watapuy dentro de la cadena Hacienda Hoteles permite entender la gastronomía como parte de una oferta más amplia. Sus seis restaurantes trabajan con conceptos diferentes, que van desde la cocina mediterránea con matices regionales de Watapuy hasta las preparaciones típicas de Santa Marta, la cocina de autor y otras expresiones locales presentes en sus establecimientos.

En esa diversidad, el trabajo en equipo se convierte en una pieza esencial. Al preguntarle al chef cómo definiría el hotel en una frase breve, su respuesta es directa: «Nosotros somos trabajo en equipo».

La expresión resume una dimensión de la hotelería que suele quedar detrás de las fotografías de habitaciones, platos y paisajes. Una experiencia satisfactoria depende de la coordinación de quienes reciben al huésped, preparan los alimentos, atienden cada solicitud y procuran que la visita transcurra de la mejor manera.

En Senda Watapuy, esa labor se combina con una identidad construida alrededor de las montañas, los productos regionales y una cocina que busca acercar a cada visitante a los sabores del Magdalena.

Un viaje para recordar el abrazo de la montaña

Viajar por esta región del Caribe colombiano ofrece la posibilidad de cambiar de ritmo y descubrir una relación distinta entre paisaje, gastronomía y hospitalidad. En Senda Watapuy, esa experiencia comienza con las montañas que dan sentido a su nombre y continúa en las cabañas rodeadas de naturaleza, las piscinas, la atención del equipo y una mesa donde el pescado, el coco y los mariscos cuentan parte de la historia local.

Su ubicación, a cinco minutos de la entrada principal del Parque Nacional Natural Tayrona y cerca del río Piedras, permite tomar el hotel como punto de partida para disfrutar de los atractivos naturales de esta zona del Magdalena y regresar después a un ambiente de descanso.

El verdadero recuerdo de un viaje no siempre cabe en una fotografía. Puede quedarse en el sabor de un pargo recién preparado, en el aroma de una salsa que combina mariscos y leche de coco, en un momento de tranquilidad junto a una piscina privada o en el gesto amable de alguien que hizo sentir al visitante como en casa.

Quizá por eso la idea del abrazo de la montaña funciona como algo más que un nombre. Es una invitación a acercarse al Magdalena con tiempo, curiosidad y ganas de descubrirlo. Porque hay viajes que terminan cuando se regresa a casa y otros que continúan cada vez que un paisaje, un sabor o una persona vuelven a la memoria.

Por: Carlos Amaya – Periodista de Turismo

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