Cada medicamento vencido o sin terminar en la caneca equivocada es un riesgo que Colombia ya no debería correr

Punto Azul recuerda el paso más importante de la correcta disposición final de medicamentos también depende de usted:  entregar los medicamentos vencidos, sin terminar y sus envases y empaques a los Puntos Azules, es simple y cuida su salud y la del planeta

En millones de hogares colombianos hay una bolsa, un cajón o un botiquín donde se acumulan, sin mayor cuidado, pastillas vencidas, jarabes a medio consumir y medicamentos vencidos. Para la mayoría de las personas, se trata de  un residuo más, destinado a la caneca de la basura o, en el peor de los casos, al lavamanos o al inodoro. Para la salud pública y el medio ambiente, sin embargo, ese gesto cotidiano representa uno de los riesgos ambientales menos visibles y más persistentes: la contaminación por residuos peligrosos y el avance silencioso de la resistencia antimicrobiana, además de abrir puertas a redes de falsificadores de medicamentos.

Así lo advierte Jorge Enrique Trujillo, director ejecutivo de Punto Azul,  organización sin ánimo de lucro que agrupa al 98 % de la industria farmacéutica del país y a 28 sectores productivos, representados en más de 500 empresas, con el propósito de ejecutar de forma responsable y segura el plan posconsumo de residuos de medicamentos y el plan de envases,  empaques y plásticos de un solo uso en el país.

Una gestión de más de 15 años que se mide en toneladas… y en unidades

Los medicamentos vencidos, parcialmente consumidos o deteriorados no son basura común: son residuos peligrosos. Su manejo inadecuado puede contaminar fuentes de agua, afectar la flora y la fauna, y —a largo plazo— contribuir a un problema de salud pública cada vez más grave: la resistencia antimicrobiana, es decir, que un medicamento deje de tener el efecto terapéutico para el cual fue creado.

La magnitud del reto se entiende mejor cuando se traduce en unidades. Según cifras consolidadas por la Red Iberoamericana de Programas Posconsumo -RIPPM-, el peso promedio de un empaque de medicamento —una caja de pastillas, un frasco de jarabe es de 28 gramos. Con ese parámetro, las más de 4.000 toneladas de medicamentos vencidos que Punto Azul ha recolectado y dispuesto de manera controlada equivalen a un número verdaderamente masivo de unidades individuales que ya no circulan en el mercado informal, que ya no representan un riesgo de falsificación o adulteración, y que ya no terminan contaminando cuerpos de agua o suelos.

Esa gestión, según Trujillo, ha permitido que Colombia cumpla ya con más del 95% de la meta nacional trazada a diez años por la política pública de residuos peligrosos del país en el capítulo específico de medicamentos, un resultado que convierte a Punto Azul en el principal artífice de ese objetivo de largo plazo.

Una tarea de todos: una guía sencilla

Punto Azul insiste en que el eslabón más determinante de toda esta cadena no está en las plantas de incineración, ni en los camiones de logística inversa, sino en cada hogar. Estas son las acciones concretas que recomienda la organización:

    Separe los medicamentos del resto de la basura. Destine en casa un espacio fijo y permanente —una bolsa, un recipiente, un cajón— exclusivamente para guardar medicamentos vencidos, parcialmente consumidos, deteriorados, y sus empaques y envases. No deben mezclarse con los residuos ordinarios ni con el material reciclable convencional.

    No los deseche en el lavamanos, el inodoro ni la caneca común. Hacerlo permite que trazas del medicamento lleguen a cuerpos de agua y ecosistemas, con impactos directos sobre la salud humana, animal y vegetal.

    Lleve esos residuos a un Punto Azul.  En www.puntoazul.com.co cualquier persona puede ubicar, a través de un mapa georreferenciado, el Punto Azul más cercano. Hoy existen 2.350 Puntos Azules distribuidos en todo el territorio nacional, generalmente ubicados en droguerías, almacenes de cadena, grandes superficies, entre otros.

    No espere a acumular “suficiente” cantidad para actuar, ni asuma que un vencimiento reciente es inofensivo. Un error frecuente es pensar que un medicamento vencido hace poco tiempo “todavía sirve”. La fecha de vencimiento es el resultado de estudios técnicos de estabilidad —hoy más exigentes que nunca, especialmente en un país de zona climática 4b como Colombia— que garantizan la seguridad y eficacia del producto. Una vez vencido, debe ir directo a un Punto Azul, sin excepción.

Qué pasa después de la entrega: el cierre del ciclo

Una vez el ciudadano deposita sus residuos en un Punto Azul, la organización activa un proceso de logística inversa controlada: los operadores recogen el material en bolsas selladas y con trazabilidad permanente, lo transportan en vehículos especializados para el manejo de sustancias y mercancías peligrosas, y lo llevan a un horno de incineración donde se realiza la disposición final bajo estrictos controles ambientales. Este cierre del ciclo de vida evita dos riesgos simultáneos: la contaminación ambiental y el deterioro de la salud pública asociado a la resistencia antimicrobiana.

Lo que Punto Azul no hace: derribando los mitos más comunes

    Punto Azul no comercializa medicamentos.

    Punto Azul no compra medicamentos.

    Punto Azul no dona ni entrega medicamentos.

    Los medicamentos depositados en los contenedores no se «sacan y se vuelven a vender», se convierten en residuos peligrosos destinados exclusivamente a la destrucción final.

    Los Puntos Azules de medicamentos no reciben ningún otro tipo de residuo distinto a medicamentos, sus empaques y sus envases.

El  propósito de la organización en representación del 98% de la Industria farmacéutica en el marco de la Responsabilidad Extendida del Productor -REP-,  es ejecutar e implementar de manera técnica y trazable, el proceso posconsumo de esos residuos para realizar una disposición final adecuada.

Una cadena de corresponsabilidad

El modelo colombiano —vigente a través de la Resolución 371 de 2009, del entonces Ministerio de Ambiente— distribuye responsabilidades claras entre los distintos actores: el Ministerio de Ambiente define el marco regulatorio; la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) ejerce inspección, vigilancia y control sobre la operación, con seguimiento anual; la industria farmacéutica financia y respalda todo el esquema operativo y  Punto Azul articula y facilita los procesos de recolección,  los procesos operativos y formativos de los actores, incluyendo a los consumidores finales para asumir su responsabilidad extendida; las  droguerías  —muchas de ellas certificadas – junto con las Secretarías de Salud municipales— disponen los contenedores y orientan al consumidor final.

Colombia es hoy, según Trujillo, un país pionero en la región en materia de responsabilidad extendida al productor y posconsumo de medicamentos, un modelo que incluso ha sido replicado en países como Ecuador a través de la Red Iberoamericana de Programas Posconsumo.

“Para Punto Azul, ninguna política pública, por ambiciosa que sea, puede sustituir el gesto individual de separar en casa. Pequeñas acciones hacen grandes cambios”, resume Trujillo, e invita a cada colombiano a asumir ese primer paso —simple, gratuito y al alcance de cualquiera— como punto de partida real hacia una disposición final de residuos de medicamentos segura y efectiva; separar, guardar y llevar los medicamentos vencidos al Punto Azul más cercano.

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