Mientras las ferias del libro y los encuentros literarios buscan nuevas maneras de conectar con el público, la escritora colombiana Juliana Di Maria decidió convertir cada presentación de sus obras en algo más que una conversación sobre literatura. Desde hace varios años, la autora aparece en sus lanzamientos junto a su moderador usando camisetas estampadas con el rostro de mujeres que dejaron huella en la historia, una práctica que terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocibles de su propuesta artística y social.
La iniciativa nació como una forma de mantener viva la memoria de mujeres que, desde distintos lugares del mundo y en contextos completamente diferentes, transformaron realidades a través de la resistencia, el liderazgo o la defensa de los derechos humanos. Para la autora, estos homenajes buscan sacar esas historias del olvido y devolverlas al presente, especialmente en espacios culturales donde la conversación pública suele concentrarse únicamente en las novedades editoriales.
“Las mujeres que admiramos no deberían vivir solo en los libros de historia. También deberían seguir ocupando espacios, respirando entre nosotros y siendo nombradas. Muchas de las libertades que hoy existen nacieron porque alguien decidió no quedarse en silencio”, afirma Juliana Di Maria, quien ha integrado este gesto como parte esencial de su identidad pública y literaria.
A lo largo de auditorios, ferias internacionales y encuentros culturales, la autora ha rendido homenaje a figuras profundamente distintas entre sí, pero unidas por el impacto de sus historias. Entre ellas aparecen María Soledad Cisternas, reconocida internacionalmente por su defensa de los derechos de las personas con discapacidad; Svetlana Aleksievich, premio Nobel de Literatura que convirtió los testimonios de la guerra en memoria colectiva; y Elena de Céspedes, figura del siglo XVI que desafió las normas impuestas sobre identidad y libertad en una época marcada por la persecución.
La lista también incluye nombres latinoamericanos y contemporáneos como Betsabé Espinal, líder obrera colombiana que encabezó una de las primeras huelgas femeninas del país; Djuena Tikuna, artista indígena amazónica que llevó su lengua ancestral a escenarios internacionales; y Gisèle Pélicot, quien transformó una experiencia de violencia en un símbolo global de dignidad y valentía para miles de mujeres en el mundo.
Durante la más reciente edición de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, Juliana rindió homenaje a Patricia Avendaño Morena, sobreviviente de cáncer y fundadora de una iniciativa social dedicada a acompañar a niños con esta enfermedad y a sus familias. Para la escritora, este tipo de historias representan justamente aquello que busca visibilizar: personas capaces de convertir experiencias difíciles en acciones que impactan la vida de otros.
“Muchas veces esperamos a que alguien muera para reconocer lo que hizo. Yo creo que homenajear también es impedir que el mundo olvide a quienes abrieron caminos para los demás. La memoria puede ser una forma de resistencia y también una forma de gratitud”, agrega la autora.
Más allá de sus libros, Juliana Di Maria ha construido una propuesta narrativa que mezcla literatura, memoria y conversación social. En un momento en que las discusiones sobre igualdad, representación y memoria histórica ganan espacio en la agenda cultural global, su iniciativa empieza a llamar la atención precisamente porque transforma un gesto cotidiano —una camiseta— en una manera de contar historias que todavía siguen cambiando el mundo.




