Andesco reconoce empresas que convierten la sostenibilidad en soluciones para el país

La sostenibilidad dejó de ser una palabra asociada exclusivamente al cuidado del medioambiente. En las empresas de servicios públicos y en otros sectores de la economía se está convirtiendo, cada vez más, en una manera de gestionar territorios, proteger recursos naturales, generar empleo, fortalecer la transparencia, atender a los usuarios y construir soluciones con impacto social.

Esa transformación quedó reflejada en Cartagena durante la entrega del 21.º Premio Andesco a la Sostenibilidad, un reconocimiento que, más que destacar nombres de empresas, puso el foco en proyectos capaces de demostrar que la sostenibilidad puede convertirse en acciones concretas.

La magnitud de esta edición también habla de la importancia que ha adquirido el premio. 435 proyectos de 185 empresas fueron postulados, frente a 376 prácticas de 166 compañías en la edición anterior. De ese universo, 132 proyectos de 52 empresas llegaron a la etapa de finalistas.

Detrás de esas cifras hay una lectura empresarial y social: cada vez más organizaciones están intentando responder a los desafíos del país desde sus propias operaciones y desde los territorios donde tienen presencia.

«El Premio Andesco a la Sostenibilidad se convierte en una muestra de cómo las empresas están convirtiendo la sostenibilidad en acciones concretas que generan valor para sus colaboradores, los territorios, el ambiente y la sociedad», afirmó Camilo Sánchez, presidente de Andesco.

Y esa es precisamente la particularidad de este reconocimiento. No se trata únicamente de premiar una política corporativa o una declaración de buenas intenciones. Las iniciativas son evaluadas a partir de cinco entornos: Ambiental, Colaboradores, Gobernanza, Mercado y Social, una estructura que permite mirar la sostenibilidad desde diferentes dimensiones de la actividad empresarial.

De la ladera a la lucha contra la corrupción

Entre los proyectos reconocidos aparecen historias que muestran cómo un mismo concepto puede tomar formas muy diferentes dependiendo de las necesidades de cada territorio.

En el entorno Ambiental, dentro de la categoría de empresas de servicios públicos y comunicaciones, Empresa Metropolitana de Aseo S.A. E.S.P. EMAS Manizales recibió el reconocimiento por Guardianas de la ladera: mujeres que sostienen la tierra y transforman vidas.

El nombre del proyecto resume una realidad en la que el cuidado del territorio se encuentra con el trabajo de las mujeres y la transformación de sus comunidades.

En Gobernanza, el reconocimiento fue para Promigas, por ABAC Digital: La nueva era del sistema anticorrupción integrado. La iniciativa lleva la sostenibilidad a uno de los terrenos que a veces queda en segundo plano frente a las cifras ambientales: la manera como las empresas toman decisiones, previenen riesgos y fortalecen sus mecanismos de transparencia.

En Mercado, Urbaser Tunja fue reconocida por Conexión territorio: georreferenciación que anticipa las necesidades de los usuarios, una propuesta que pone la tecnología al servicio de una pregunta esencial para cualquier empresa de servicios públicos: cómo conocer mejor el territorio para responder oportunamente a quienes reciben el servicio.

Mientras tanto, en el entorno Social, Urbaser Popayán obtuvo el reconocimiento por Vidas que se reconstruyen, comunidades que avanzan, mostrando que la sostenibilidad empresarial también puede medirse por la capacidad de acompañar procesos sociales y contribuir a reconstruir tejido comunitario.

El trabajador también está en el centro

La sostenibilidad tampoco se limita a lo que ocurre fuera de las empresas.

En el entorno de Colaboradores, Veolia Colombia, sucursal Cúcuta, fue reconocida por Integra 100. La iniciativa demuestra que la gestión sostenible también comienza hacia adentro: con las personas que hacen posible que los servicios funcionen todos los días.

La empresa, además, obtuvo el Gran Premio a la Sostenibilidad 2026 en la categoría de empresas de servicios públicos y comunicaciones para el segmento de compañías medianas.

En la categoría de empresas grandes, el Gran Premio fue para Promigas, mientras que Urbaser Duitama recibió el reconocimiento entre las empresas pequeñas.

La diversidad de tamaños empresariales es otro elemento relevante del premio. La sostenibilidad no aparece planteada como una tarea exclusiva de las grandes corporaciones. También hay espacio para empresas medianas y pequeñas que desarrollan soluciones desde sus propias capacidades y realidades.

Sostenibilidad más allá de los servicios públicos

El premio también reconoce que los grandes desafíos del desarrollo sostenible no corresponden únicamente a las compañías que prestan servicios públicos o de comunicaciones.

En la categoría de otros sectores de la economía, el Gran Premio para empresas grandes fue otorgado a PepsiCo; en la categoría mediana, a la Fundación Banco de Alimentos; y entre las pequeñas, a CAIA.

Los reconocimientos por entorno también reflejan la amplitud de la agenda.

En Ambiental, BBVA Colombia fue reconocido por El primer bono de biodiversidad: transformando finanzas en naturaleza. En Colaboradores, Ventus Colombia recibió el premio por Atracción y desarrollo de talento local para la transición energética.

En Gobernanza, Aris Mining fue distinguida por Generación de confianza y trabajo conjunto para transformación de territorios. En Mercado, la Gobernación de Cundinamarca obtuvo el reconocimiento por Compramos tu cosecha – CTC Departamental, mientras que en Social, Falabella fue premiada por su programa Haciendo Escuela.

Son iniciativas diferentes, pero tienen un punto de encuentro: buscan que la actividad empresarial o institucional produzca un efecto que vaya más allá de los resultados financieros inmediatos.

Un premio que también exige rigor

La credibilidad de un reconocimiento de esta naturaleza depende no solo de los proyectos que participan, sino también de la forma en que son evaluados.

En esta edición, un jurado de 10 expertos multisectoriales analizó las iniciativas bajo los criterios establecidos para cada uno de los cinco entornos. Entre los integrantes estuvieron Rutty Paola Ortiz, Manuel Guzmán Hennessey, Alejandro Zapata, Cecilia Rodríguez, Eduardo Behrentz, Gustavo Yepes, María del Pilar García, Víctor Malagón, Ricardo Lozano y Luis Felipe Jaramillo.

Además, todo el proceso de elección fue auditado por Crowe, con el propósito de garantizar transparencia y rigurosidad en las diferentes fases de evaluación.

Durante la ceremonia, Óscar Villaruel, Audit Partner de Crowe, explicó aspectos relacionados con el proceso de calificación y los filtros utilizados para seleccionar los proyectos reconocidos.

Este componente es fundamental porque un premio de sostenibilidad adquiere mayor valor cuando puede demostrar que detrás de cada reconocimiento existe un proceso de evaluación estructurado y verificable.

Cuando la sostenibilidad se vuelve territorio

Después de 21 ediciones, el Premio Andesco muestra una evolución que coincide con la transformación de la propia agenda empresarial. Hoy hablar de sostenibilidad significa hablar de energía, agua, residuos, biodiversidad, trabajadores, usuarios, innovación, transparencia, comunidades y desarrollo territorial.

En el sector de servicios públicos esta discusión tiene una importancia particular. Las empresas no trabajan en un espacio aislado: sus decisiones tienen efectos directos sobre millones de personas y sobre territorios que necesitan infraestructura, servicios confiables y soluciones de largo plazo.

Por eso, iniciativas como las reconocidas en Cartagena permiten mirar la sostenibilidad desde una perspectiva menos abstracta. Una mujer que participa en la recuperación de una ladera, una comunidad que reconstruye su tejido social, una herramienta tecnológica que permite anticipar las necesidades de los usuarios, un sistema anticorrupción que fortalece la gobernanza o un programa que prepara talento para la transición energética son, en últimas, diferentes maneras de responder a los mismos desafíos.

El verdadero valor de estos premios está justamente allí: en hacer visibles experiencias que pueden ser replicadas, mejoradas y adaptadas por otras organizaciones.

En un país que necesita crecer sin dejar atrás a sus territorios, proteger sus recursos naturales y garantizar servicios públicos sostenibles, reconocer esas experiencias también significa abrir una conversación sobre cómo hacer las cosas de otra manera.

Y quizás ese sea el mensaje más importante que deja Cartagena: la sostenibilidad no se construye solamente con grandes discursos. Se construye cuando una decisión empresarial logra cambiar una realidad concreta.

Por: Carlos Amaya  

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