El gran legado de Anton Bruckner y la “Novena Sinfonía”, su última creación musical

 “No quiero empezar la Novena en absoluto, no me atrevo”, dijo Anton Bruckner (1824 – 1896) después de terminar su recordada “Sinfonía No. 8”. La razón era el temor que le producía lo que se conoce como ‘la maldición de la novena’, que, al parecer, cae sobre los compositores después de Beethoven, quien murió luego de crear su “Novena sinfonía”.

Cuando Gustav Mahler (1860 – 1911) falleció sin haber escuchado su propia “Sinfonía No. 9”, el músico y teórico Arnold Schönberg dijo: “Parece que la Novena es un límite. Quien quiera ir más allá debe irse. Quienes escribieron una Novena estaban demasiado cerca del más allá”. Además de Beethoven y Mahler, tampoco Schubert, Dvorák, Vaughan, Williams, Glazunov, Atterberg ni Sessions sobrevivieron a una novena sinfonía.

A pesar de su temor, Bruckner inició la composición de su “Sinfonía No. 9” en septiembre de 1887, poco después de haber terminado la octava. Trabajó en ella, con muchas interrupciones debido a su estado de salud, hasta 1896, año en que murió cuando escribía el cuarto movimiento. Aunque inconclusa, con esta partitura cierra el compositor un legado fundamental en la historia de la forma, un universo expansivo de sonoridades, de innovaciones, de expresión metafísica y espiritual que se abrió paso, no sin dificultad y crítica, por parte de sus contemporáneos.

La Filarmónica de Bogotá, dirigida por su titular Joachim Gustafsson, interpretará la “Novena Sinfonía” de Anton Bruckner como parte de la serie de homenajes para el genio austríaco al celebrarse en el ámbito sinfónico los 200 años de su nacimiento.

La primera parte del concierto será un tributo al recordado autor, pianista y director estonio radicado en Colombia Olav Roots (1910 – 1974), a través de la composición “Lírica para Olav, Op. 184”, de Blas Emilio Atehortúa, estrenada en el Teatro Colón a mediados de la década del 90 del siglo pasado al conmemorarse 20 años de la muerte de Roots.  

En sus tiempos de formación en el Conservatorio en Bogotá, Atehortúa y Olav Roots, su guía en las clases de composición, dirección de orquesta y orquestación sinfónica, se hicieron amigos cercanos y Roots dirigió el estreno de varias obras de su discípulo. El compositor colombiano dedicó a su maestro creaciones como los “Estudios sinfónicos para orquesta, Op. 36”, de 1968; la “Elegía a un adiós en enero, Op. 73” y la “Obertura festiva, Op. 181” de 1994. Ese mismo año compuso la “Lírica para Olav, Op. 184”, con la que se inicia esta serie de conciertos de la Filarmónica de Bogotá.

La “Lírica para Olav, Op. 184”, de Blas Emilio Atehortúa; y la “Sinfonía No. 9”, de Anton Bruckner, se podrán escuchar en dos presentaciones con entrada gratuita hasta completar aforo: viernes 28 de junio (3:00 p.m.), en la Catedral Primada de Colombia; y sábado 29 de junio (4:00 p.m.) en el León de Greiff, de la Universidad Nacional de Colombia. 

¡Más cuerda para la buena música!

Crédito de las foto: Kike Barona – Filarmónica de Bogotá

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