El empleo crece, pero lo hace en sectores sin protección, sin estabilidad y con brechas profundas para migrantes, jóvenes y mujeres.
El mercado laboral colombiano ha experimentado una aparente recuperación. La tasa de desempleo se ubicó en 9,6 % en marzo de 2025, una mejora de 1,7 puntos porcentuales frente al año anterior. No obstante, el crecimiento del empleo ha estado fuertemente impulsado por el sector informal, según el informe trimestral del mercado laboral de ANIF.
Este fenómeno es aún más agudo en la población migrante; el informe revela que, en lo corrido del año, casi 8 de cada 10 trabajadores migrantes están empleados de manera informal, particularmente en sectores como alojamiento, comercio y servicios personales. La precariedad de las condiciones laborales, la falta de afiliación al sistema de seguridad social y los bajos niveles salariales configuran un panorama que demanda respuestas más integrales.
“La inclusión laboral efectiva requiere algo más que generar vacantes. Implica remover las barreras que impiden a las personas acceder a empleo formal, asegurar que las empresas cumplan con sus obligaciones laborales y, sobre todo, que las políticas públicas se articulen con el sector privado para crear ecosistemas de contratación sostenibles y legales”, señala Eduard Forero Benavidez, director general de Solutions & Payroll.
El informe también destaca que la participación laboral de la población migrante es alta, ya que, su tasa global de participación (TGP) en Bogotá fue de 84,9 %, superior a la de los nacionales. Sin embargo, su tasa de informalidad duplicó la de la población colombiana (68,1 % vs. 33,8 %), revelando un desfase estructural que no se resuelve con programas temporales, sino con mecanismos duraderos de empleabilidad formal.
Una de las tensiones más visibles del informe de ANIF es la contradicción entre un mercado laboral que crece en volumen, pero que no mejora en calidad. La expansión del empleo informal, especialmente entre la población migrante, deja ver que el acceso al trabajo no garantiza necesariamente inclusión ni bienestar. Frente a este panorama, surge la necesidad de repensar los mecanismos de inserción laboral más allá del empleo directo tradicional.
En este contexto, modelos como la tercerización formal, que han sido ampliamente discutidos en el debate público, merecen una revisión más técnica y menos ideológica. En sectores marcados por la alta rotación, bajos niveles de calificación formal y débil capacidad empresarial para asumir las cargas laborales completas, externalizar ciertas funciones bajo esquemas regulados puede permitir transitar de la informalidad a la formalidad de manera gradual pero sostenible.
Más que una solución única, se trata de reconocer que la empleabilidad digna también puede construirse a partir de rutas alternas, por medio de, intermediación laboral con garantías, acompañamiento en procesos de afiliación, y formación de habilidades adaptadas a las dinámicas reales del mercado. Experiencias en distintos sectores demuestran que cuando estas rutas se articulan, es posible mejorar la calidad del empleo incluso en contextos de alta vulnerabilidad.
“La tercerización ética no excluye, integra. Es una forma de formalizar el empleo en sectores donde la contratación directa es más difícil, al tiempo que garantiza los derechos de los trabajadores y minimiza la carga operativa para las empresas”, enfatiza Forero.
Por el momento, la discusión sobre reformas laborales y productividad están sobre la mesa y este tipo de soluciones deben ocupar un lugar prioritario. La transición del empleo informal al formal no será posible sin una articulación clara entre el sector privado, el gobierno y los servicios de intermediación laboral, como lo refleja el propio informe de ANIF en su análisis sobre las postulaciones en el Servicio Público de Empleo.




