En un momento crítico para la acción humanitaria en el país, el proyecto Tejiendo Caminos brindó atención integral a mujeres, niñas y personas en situación de vulnerabilidad en zonas que hoy están sin cobertura institucional ni cooperación internacional.
En un contexto de tensión creciente para la acción humanitaria en Colombia, marcado por la disminución progresiva de los recursos internacionales y una respuesta institucional limitada frente a la magnitud de las necesidades, el proyecto Tejiendo Caminos logró abrir caminos donde otros han debido retirarse.
Durante dos años de operación ininterrumpida, la iniciativa brindó atención integral, segura y transformadora a 63.284 personas, priorizando a mujeres y niñas, personas en situación de movilidad humana, personas con discapacidad y sobrevivientes del conflicto armado, en algunos de los territorios con mayores brechas humanitarias del país: Norte de Santander, Cauca, Nariño y La Guajira.
Implementado por CARE Colombia y Humanity & Inclusion América Latina y El Caribe, con el apoyo de la Dirección General de Protección Civil y Operaciones de Ayuda Humanitaria de la Unión Europea, el proyecto se consolidó como una intervención integral, culturalmente pertinente y centrada en las personas, llegando incluso a zonas rurales y comunidades apartadas.
“Tejiendo Caminos nos demostró que sí es posible construir respuestas humanitarias integrales, centradas en las personas, con dignidad, pertinencia cultural y sostenibilidad,” afirmó Catalina Vargas, diectora país de CARE Colombia. “Esta intervención no solo permitió atender necesidades urgentes, sino también fortalecer capacidades locales en contextos históricamente olvidados, llegando a comunidades y territorios donde muchas veces nadie más llega”.
En cifras: un salvavidas en medio del colapso humanitario
Durante su última fase, el proyecto entregó servicios esenciales, enfocados principalmente en la atención de la violencia contra las mujeres y las niñas, salud mental, rehabilitación funcional y salud sexual y reproductiva. Del total de servicios prestados, el 67% fueron dirigidos a mujeres y niñas.
• 63.284 personas accedieron a servicios de salud física, salud mental, protección y rehabilitación, en contextos de emergencia humanitaria.
• Se entregaron 31.458 servicios de protección.
• 12.793 servicios de salud sexual y reproductiva en situación de crisis humanitaria.
• 30.210 servicios en salud mental y rehabilitación física y funcional.
“Este proyecto puso en el centro a quienes históricamente han quedado al margen: mujeres migrantes, indígenas, afrocolombianas, personas con discapacidad y adolescentes sobrevivientes de violencia”, destacó Hernando Enríquez, director país de Humanity & Inclusion. “Nuestra prioridad fue siempre que ellas fueran las protagonistas de sus propios procesos”.
Testimonios desde el territorio: dignidad en medio del caos
“Llegué al proyecto buscando formación en temas de violencia contra las mujeres y las niñas. Hoy, gracias a lo aprendido, acompañamos a otras mujeres —sin importar si son migrantes, colombianas retornadas o sobrevivientes del conflicto armado y de violencia—. Ahora son las lideresas en los territorios quienes están creando y fortaleciendo grupos de apoyo, mejorando las rutas de atención y promoviendo redes de cuidado comunitario”: mujer sobreviviente de desplazamiento forzado en Nariño.
El proyecto no solo prestó atención directa, también transformó vidas al brindar herramientas de empoderamiento a quienes habían sido silenciadas por el conflicto y la desigualdad que enfrentan las mujeres y las niñas.
La realidad de fondo: violencia, exclusión y desigualdad persistente
Durante la implementación, se identificó que el 81% de los casos de violencia atendidos eran de alto o medio riesgo, principalmente caracterizados por dependencia económica. Las violencias incluyeron agresiones psicológicas, físicas, sexuales, económicas y patrimoniales, ejercidas por parejas, exparejas, familiares y actores armados.
En regiones como El Catatumbo, se atendieron 92 mujeres gestantes, de las cuales menos del 50% recibieron previamente controles prenatales, dado el contexto de desplazamiento masivo, desprotección institucional y acceso limitado a servicios de salud. En esta zona, la ausencia de infraestructura accesible impide el tránsito seguro de personas con movilidad reducida y limita la atención en albergues o espacios de refugio.
Coordinación, incidencia y sostenibilidad: un modelo replicable
Tejiendo Caminos fortaleció las rutas de atención, capacitó personal sanitario y acompañó procesos comunitarios de apoyo psicosocial, todo con un enfoque sensible a las vidas de mujeres y niñas. Trabajó con redes comunitarias, líderes locales, y mecanismos de remisión internos para asegurar una atención segura, coordinada y sin revictimización.
• 98% de las personas atendidas manifestaron que sus necesidades urgentes fueron cubiertas.
• 99% consideraron que la atención fue segura, accesible y participativa.
• 99% de las personas con discapacidad y problemas de salud mental dijeron haber recibido una atención adecuada.
Dos años de impacto: un cierre que exige continuidad
Aunque Tejiendo Caminos finaliza su fase operativa, deja capacidades instaladas en los territorios, redes comunitarias fortalecidas y procesos que seguirán avanzando por cuenta propia. Su legado está en la acción colectiva, la protección con dignidad y la creación de espacios seguros para quienes más lo necesitan.
Proteger la vida y los derechos de las personas más vulnerables no es un acto asistencial, es una responsabilidad ética, urgente y colectiva.




